Cuando el botellón se cuela en casa

Xosé Vázquez Gago
Xosé V. Gago A CORUÑA / LA VOZ

FIRMAS

GUSTAVO RIVAS

Celebran de madrugada y sin permiso una fiesta en un portal del barrio

13 feb 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

El portal del número 4 de la plaza de Juan Naya, paralela a la calle de Juan Canalejo, amaneció ayer lleno de desperdicios procedentes de un botellón que se celebró en su interior durante la madrugada. Tras una noche en la que fue imposible dormir, en el portal aparecieron bolsas, cristales rotos, restos de bebidas, vasos, bolsas de plástico... Por suerte apenas hubo destrozos, solo uno de los buzones apareció abollado.

Los soportales del edificio son escenario habitual de botellones. Los vecinos se han quejado en numerosas ocasiones al Ayuntamiento, cansados de no poder dormir a causa del ruido y las llamadas al interfono, además de salir a la calle el domingo entre desperdicios y olor a orina. Se plantean incluso cerrar todos los soportales con vallas. A raíz de las quejas, el gobierno ordenó a la Policía Local que vigilase la plaza, pero hace semanas que no acudía y ayer, martes de carnaval, tampoco apareció.

Varios residentes fueron por la mañana al cuartel de la guardia municipal a presentar denuncia por lo ocurrido, pero los agentes se negaron a recogerla. Dijeron que solo se ocupan del botellón en zonas públicas y que debían recurrir a la Policía Nacional, que sí la aceptó.

El botellón debió ocurrir a altas horas de la madrugada, cuando el ruido que debía acompañarlo quedó camuflado por el estruendo que había en la calle. Eso explica que ningún vecino llamase a la policía.

El «estruendo» denunciado por los residentes no es exagerado. Estos días es imposible descansar. Muchos vecinos, incluso en pisos tan altos como un sexto, recurren a pastillas o tapones para poder dormir unas horas.

El sábado, un nutrido grupo con tambores comenzó a tocar en la calle pasadas las tres y media de la madrugada. Apenas había diez personas en la calle aparte de los «artistas». La madrugada del domingo fue peor, el concierto arrancó diez minutos antes de las cuatro y se prolongó hasta más allá de las seis. Ayer de madrugada, poco antes de las tres ya había música a todo trapo.

El problema se repite desde hace años. Llamar al 092 es casi siempre inútil. El agente al otro lado del teléfono incluso aseguró alguna vez que el follón está «autorizado por el Ayuntamiento». El derecho a la jarana por encima del derecho al descanso.