«Si quieres las tomas y si no, las dejas». Así decían en otra época, cuando en las familias numerosas no había opción de menús individualizados, adaptados al gusto personal de cada uno. Con el fin de evitar los cada vez más frecuentes casos de ingesta selectiva o inapetencia hacia la comida, los expertos recomiendan:
1. Haz que el niño participe en todos los preparativos de la comida. Desde la lista de la compra y el diseño del menú hasta poner la mesa o calentar la comida.
2. Crea y mantén hábitos de alimentación. El niño debe aprender a comer siempre en el mismo momento y lugar, y de la misma manera.
3. Recuerda que el niño debe ser autónomo: deja que coma solo.
4. Come en familia cuantas veces sea posible. Así aprenderá a imitaros no solo en lo que coméis, sino también en la forma de comportarse en la mesa.
5. Convierte la comida un momento agradable. A pesar de su inicial actitud, mantén el buen humor y una actitud distendida. ¡Y, por supuesto, evita hablar de alimentación!
6. Que no se despiste. Los juegos, la televisión o el iPad no son compatibles con la tarea de aprender a comer.
7. No le ofrezcas menús alternativos. Tiene que comer lo que hayas decidido, y lo mismo que el resto de la familia. Y si decide no comer, no le hagas un menú nuevo. Retírale el plato y recuérdale que hasta la siguiente comida tomará solo toda el agua que quiera.
8. Alábale cada progreso, por pequeño que parezca. Por ejemplo, cuando prueba un alimento nuevo, cuando no se levanta de la mesa, cuando tarda menos en comer... Así aprenderá, por llamar tu atención, a repetir ese tipo de actitudes.
9. Si se porta mal durante la comida, ignóralo. Tú sigue con tu conversación o tu comida y no le exijas que deje ese comportamiento. Luego, cuando de nuevo vuelva a comer, recuérdale lo bien que lo está haciendo.
10. Sé paciente, firme y constante. Enseñar a comer a un niño no es cosa de un día, ni de una semana. Ve poco a poco, logrando pequeños éxitos.