Pablo García, de 20 años y del Loita Pontevedra, quiere ganar el Nacional absoluto en lucha grecorromana este año y buscar plaza para Río 2016
27 ene 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Pablo García no es un discípulo de la lucha olímpica producto de la casualidad. Con 6 años, su padre lo cogió de la mano y lo llevó al gimnasio donde entrenaba. Su progenitor había sido luchador cuando era más joven y pretendía comprobar si el arte del combate era una cuestión de genes. Confirmó esa hipótesis.
Desde entonces, Pablo no ha dejado más que a rivales tumbados sobre el tapiz. Su lista de títulos comenzó a confeccionarse cuando tenía solo 13 años, subiendo a lo más alto del podio durante el Campeonato Escolar de Luchas Olímpicas en la modalidad de lucha grecorromana. El último capítulo de conquistas lo escribió hace una semana, cuando se proclamó campeón gallego sénior a orillas del río Lérez, en lucha grecorromana y libre.
«Siempre me resultó divertido ir a entrenar y pelear», admite Pablo García, becado en el Centro Galego de Tecnificación Deportiva desde hace seis años, y deportista del Clube de Loita Pontevedra desde hace dos.
Su primera pelea oficial la disputó con 8 años. Con esa misma edad, se estrenó en un Nacional escolar. «Me fue mal», explica. «Perdí en la primera pelea, pero ganas en experiencia», apunta Pablo, de 20 años.
Aunque entrena las dos luchas olímpicas, al deportista, oriundo de Vigo, le fascina más la disciplina instaurada por Exbrayat, un antiguo soldado de Napoleón que codificó las reglas de una disciplina de combate que, desde entonces, prohíbe las presas por debajo de la cintura.
Títulos
Sus logros llamaron la atención de los entrenadores de la Federación Española de Lucha, y en su primer año de cadete, participó en una concentración nacional que seleccionó al equipo de cara al Europeo de aquel año. «En esa ocasión no me escogieron», matiza. Su suerte cambió al siguiente año, Con 15 años, fue campeón de España cadete (58 kilos) en Barcelona, fue convocado, otra vez, con el equipo nacional para disputar el Campeonato de Europa de Finlandia, y allí se colgó la medalla de bronce.
La batería de títulos fue continuo. Oro en el Nacional júnior (66 kilos), bronce un año más tarde, quinto en absoluta, otro bronce en su tercer año de júnior y otro metal en categoría sénior... Ahora, y con 74 kilos de peso, pretende bajar hasta ponerse en 66 y luchar en el Campeonato de España. «Espero quedar campeón», afirma, sin tapujos.
Entrena tres horas y media cada día. Dos de esas horas son bajo la dirección de su entrenador, el ruso Alexander Kachelaev. En ese espacio, todo es técnica. La madurez en España en este deporte se alcanza a los 28 años, pero Pablo, a quien picó el gusanillo del balonmano, no quiere esperar tanto. Tendrá 24 años cuando se disputen los Juegos de Río 2016. «Mi sueño en ser olímpico», añade el luchador que se mira en el espejo del medallista Alexsander Karelin, que permaneció 13 años invicto (1987-2000). «Si no es Río, seguiré preparándome para estar en las Olimpiadas del 2020».
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