Ha llegado un eco a las nubes de La Moncloa que dice que algo no va bien. La gente desconfía de los políticos. Ya no son cuatro tipos sin afeitar, no es solo un grupo de abaixofirmantes ni se trata de ocho nostálgicos. Qué va. Es general. Algo pasa. Por eso, el Gobierno está preparando un plan que dignifique la imagen de los políticos.
Ya existe un plan perfecto, hacerlo bien. Para empezar, cuatro cositas:
1) No mientan aunque duela.
2) Escuchen a los ciudadanos.
3) Preocúpense más por las personas que por los bancos y las primas de riesgo.
4) No roben.
Pero no, no se trata de eso. La Moncloa no está preocupada por cómo hacen las cosas los políticos sino por su imagen. Es solo una cuestión estética, sombra aquí, sombra allá, un parecer y no un ser.
Se puede pensar que coincide en mal momento. Justo ha estallado todo en dos días. Recortes salvajes. Escándalos de corrupción en cada esquina. Pokémons, Pallerols, Cariocas. Y es verdad que todo eso es tremendo y aparatoso. Pero yo creo que hay más. Llevamos tiempo incubando una mala leche colectiva a base de pequeñas raciones. Cada día surgen Caballeros que se niegan a pagar la teleasistencia a los ancianos, Gallardones que no quieren indultar a exyonkis rehabilitados como David Reboredo y sí a asesinos, Figueroas criticando la privatización de servicios municipales que en su día impulsaron, Carmelas que incumplen su palabra para aferrarse a los cargos, Bravos preocupadas por la foto, Boques desaparecidos de la realidad y, en general, mediocres que creen en los partidos y no en la política.
Hace meses, el runrún en la calle parecía creciente. Ahora es ya un ruido descarado. Una enorme y colectiva mala leche que pronto va a explotar. No sé cómo. Ni cuándo. Pero ya viene.
angel.paniagua@lavoz.es