Reclama mayor apoyo para que los jóvenes puedan reinsertarse
21 ene 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Dirige el Centro de Reeducación Concepción Arenal, situado en Palavea, desde el 2007. Pero antes, Francisco Javier Álvarez, ya ocupó los puestos de subdirector y educador en este centro de menores dependiente de la Xunta que gestiona la fundación Camiña Social. Se refiere a los jóvenes internos del centro como «los chavales»: «Les coges cariño a todos, convives con ellos, te cuentan sus historias, que te aseguro que darían para escribir muchos libros, y cuando salen y no encuentran nada te da pena», asegura.
-¿En qué se diferencia un centro de reforma, como el de Palavea, de uno de protección?
-En el de protección los niños simplemente están ahí por circunstancias familiares, porque no son bien atendidos en sus casas. En los de reforma, como este, son chavales de entre 14 y 18 años a los que el juez ha impuesto una medida según el delito cometido y sus antecedentes. Aquí en el centro tenemos régimen cerrado, semiabierto y abierto, además de permanencias de fin de semana. Los cerrados no salen, al menos durante el primer tercio del cumplimiento. Ahí se asemeja a un régimen penitenciario. Los otros ya van fuera a hacer actividades académicas, formativas...
-Dada su edad, ¿reciben formación en el centro?
-A los que no pueden salir, aquí se les da toda la formación que podemos, y aunque es bastante completa, siempre nos gustaría que lo fuese más. Tenemos una maestra que da clases por la mañana y talleres de jardinería, o de panadería, que funciona muy bien. Los chavales hacen pan que compra el centro, y con el dinero que sacan de esa venta se les hacen unos contratos productivos.
-Eso sirve de motivación.
-Y les demuestra que se puede ganar dinero de forma honrada y se consigue que se responsabilicen, cumpliendo un horario, unos objetivos y unas medidas de higiene, ya que el pan se va a comer. De hecho, podríamos venderlo fuera, porque tenemos el número de registro sanitario.
-El objetivo del centro es la reinserción.
-Eso es, más bien, nuestro sueño. Desde luego el objetivo principal es que al salir de aquí se reintegren en la sociedad y no vuelvan a delinquir, además de que cumplan la medida dictada por el juez. Aquí dentro funcionan de maravilla. Ten en cuenta que son chavales con unos padres, en su gran mayoría, muy permisivos. No están acostumbrados a un sistema de normas, y al llegar aquí les cuesta pero se adaptan pronto. Pero al salir y llegar a su entorno les falta una infraestructura de empresas de inserción que trabajen con ellos. Muchos no tienen apenas estudios, y tal y como está el tema ahora, imagínate lo que les cuesta encontrar trabajo. Y aunque salen de aquí con el propósito de portarse bien y encontrar trabajo, se dan de bruces con la realidad, y vuelven a lo mismo. Todos deberíamos colaborar en eso. La sociedad debería invertir más en los jóvenes que intentan retomar su vida.
-¿Cómo llegan aquí los jóvenes?
-Muchos de ellos ni siquiera conocen la Ley del Menor. No son conscientes de la trascendencia de lo que han hecho. Se creen que sacarle el dinero a otro en el instituto con amenazas no es delito. No conocen el límite entre lo que es una simple travesura y lo que es delito. Muchas veces la medida dictada por el juez es más un toque de atención, para que se den cuenta de la gravedad de sus actos. La prevención, la información a los jóvenes, es muy importante.
Francisco Javier Álvarez Vázquez director del centro de menores de Palavea