La vuelta al mundo de Burrieza

Paulo Alonso Lois
Paulo Alonso Lois REDACCIÓN / LA VOZ

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El extenista lucense entrena a los jugadores ATP de la federación madrileña y cerró el 2012 con un calendario con torneos en los cinco continentes

09 ene 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Como tenista, pateó el mundo para figurar entre las cien primeras raquetas del mundo. Ahora como entrenador profesional de jugadores de la ATP, Óscar Burrieza vuelve a dar la vuelta al globo cada temporada para materializar ese sueño en los jugadores de élite de la Federación de Tenis de Madrid (FTM).

Su carrera como entrenador recibió un impulso en el 2009, cuando aceptó la oferta de la FTM. En principio se encargaría de impulsar un potente proyecto de infantiles. Pero pronto se vio a cargo del prometedor Javier Martí, excampeón del mundo en categorías inferiores, y un grupo de competición que completaban tenistas que volvieron a Madrid, como Dani Muñoz y Guillermo Alcaide. Todo encajaba. «Siempre quise alcanzar como entrenador el nivel que no pude tener como jugador. En Galicia sería más complicado por las instalaciones, el clima, la situación geográfica para viajar. En Madrid se podía y había jugadores de más nivel», explica Burrieza, ahora con 37 años.

Desde entonces alternó etapas volcado en la progresión de Martí y otras con diferentes jugadores. «La vida de un entrenador ATP conlleva viajar a unos 35 torneos al año, y pasar algún tiempo más de entrenamientos fuera. Mi rutina exige ciclos de tres o cuatro semanas de torneos, y una en Lugo de descanso. A veces, en los momentos difíciles es duro estar todo el día conviviendo, incluido el hotel. Se trata de un trabajo en equipo, en el que hay que gestionar el entorno de los jugadores, estar en contacto con el preparador físico, el psicólogo...».

Con Javier Martí

Un trabajo tan nómada se cobra un peaje: «Es muy difícil mantener una familia, porque la distancia complica mucho las relaciones». Su papel como entrenador le devuelve las sensaciones que añoraba de su etapa como jugador, cuando llegó a figurar en el puesto 126. «Lo que más me gusta es la competición. Vivo igual que antes todo: la adrenalina de los partidos, los nervios, las alegrías, las frustraciones... Solo lo sufres igual si trabajas con un jugador de nivel alto», entiende Burrieza, cuyo mayor reto fue relanzar la carrera de Martí, al que cogió cuando se movía entre los puestos 600 y 800 del ránking, con 17 años, y que ayer ocupaba el 184.

«Era una tarea de mucha presión y muy bonita a la vez. Cuando empezamos, llevaba un año muy malo. La mentalidad estaba muy por debajo de su nivel técnico y tenístico. El primer paso fue hacerle más competitivo», explica el jugador lucense. «Siempre fue un chico con mucha facilidad, pero cuando no le salían las cosas en los torneos, bajaba los brazos muy pronto, sin luchar como tenía que luchar. Le perjudicaron las comparaciones que se hicieron con Rafa Nadal. Su autoestima tenística ha estado por debajo del nivel que le veían desde fuera. Eso le generó dudas, bajones al no verse al nivel de los de arriba. Así que le intenté transmitir que debía dejarse el alma siempre, porque ganar le daría confianza y eso le ayudaría a crecer», añade. Luego trató de evolucionar su juego hacia un patrón más ofensivo.

La progresión reciente

El trabajo tuvo recompensa. Martí creció en el ránking y como jugador. Estuvo cerca de ganar a rivales como Jo-Wilfried Tsonga en Valencia 2011 y Fernando Verdasco en Sao Paulo 2012. Burrieza tiene claras sus expectativas inmediatas: «Meterse en el top-100. Y si lo logra, ¿por qué no puede luego ser top-50 o top-20? Ahora los tenistas maduran más tarde. Fue de los mejores del mundo de su edad, y hoy es top-10 mundial entre los jugadores de su año».

Burrieza terminó el año con 31 torneos, la mayoría en el extranjero, cifra menor de la habitual porque cerró el 2012 con su octava operación de rodilla.