La primera dotación de la Benemérita en Vigo estaba compuesta por doce hombres
08 ene 2013 . Actualizado a las 06:00 h.«Llegó por fin la Guardia Civil: quedan aquí doce hombres y van otros doce a Vigo y A Cañiza. Son excelente gente y el jefe que los manda es elemento de orden. Hay tranquilidad y su primera ocupación será perseguir ladrones y rateros», se podía leer en El Heraldo del 28 de enero de 1845, en una noticia datada en Tui. Y es que la frontera marcada por el río Miño era entonces un lugar inestable debido a los constantes pronunciamientos políticos en España que, cuando fracasaban, huían sus protagonistas a Portugal, desde donde seguían conspirando.
El despliegue de la Guardia Civil en Galicia fue paulatino. A mediados de octubre de 1844, al mismo tiempo que se aprobaba su reglamento militar, llegaban los primeros 130 guardias del arma de infantería a A Coruña, donde se estableció la capital del 5º Tercio del Instituto Armado. «Llaman bastante la atención por su lujoso uniforme, especialmente el sombrero tricornio, desterrado de nuestro ejército desde el último período de la guerra de la Independencia», se recogía en El Clamor Popular del 18 de octubre de 1844. «Esta es una fuerza capaz de reprimir cualquier desorden», añadía el periódico decimonónico.
A comienzos de diciembre de 1844, La Postdata, del 16 de diciembre, recogía la presencia de ocho guardias civiles en Pontevedra con motivo de una escolta al verdugo que ajusticiaría, por el método de garrote vil, a dos hombres y dos mujeres de nacionalidad portuguesa, condenados a la pena de muerte por robar en la iglesia de Darbo, en Cangas do Morrazo.
Tres meses después de su llegada a Galicia, la docena de guardias civiles se instalan momentáneamente en el cuartel de San Sebastián, a la espera de la asignación de un cuartel definitivo. Posteriormente, la Benemérita dispondría en la ciudad olívica de diferentes emplazamientos, como los situados en las calles Areal y Magallanes.
Tras su llegada a Tui, A Cañiza y Vigo, la Benemérita, que tenía su capital provincial en Pontevedra, también abrió cuartelillos en algunas de las localidades próximas a Vigo, como Redondela, Mos, A Cañiza, Crecente y As Neves.
Inestabilidad política
La llegada de la Guardia Civil a Vigo se produce en un contexto de inestabilidad e incertidumbre debido a las consecuencias jurídicas del pronunciamiento liberal esparterista de octubre de 1843. Muchas personas ajenas a la jurisdicción militar padecían «unos prisión, otros extradición, algunos ocultos y todos mil géneros de sufrimiento». El posicionamiento de la ciudad a favor de los liberales seguidores del general Espartero y la posterior ausencia de una capitulación a las tropas gubernamentales habían dejado a Vigo en una situación de clara injusticia respecto a otras localidades también sublevadas pero no tan rígidamente castigadas.
Al otro lado del río Miño seguían exiliados muchos militares participantes en la intentona, a la espera de un nuevo pronunciamiento que triunfase y les permitiese volver a su patria. Por esa razón, en octubre de 1844 llegaba a Vigo el mariscal Terencio Balboa con tropas del batallón Zamora para custodiar la frontera miñota. No dejó muy buen sabor de boca en Vigo. Según El Clamor Popular, del 2 de febrero de 1845, Trinidad Balboa ordenó dar cien palos a «un infeliz labriego» por suponer que había vitoreado a Espartero. Su presencia en la ciudad termina con la llegada de la Guardia Civil.
Este cuerpo había sido creado, a través de dos decretos de marzo y mayo de 1844, para «prever el buen orden, la seguridad pública y la protección de las personas y de las propiedades, fuera y dentro de las poblaciones». El reclutamiento se realizó a comienzos de verano y el 1 de septiembre ya se realizaba, en Madrid, la primera parada de las tropas. Una de las primeras acciones en Galicia fue la detención de dos famosos bandoleros, llamados José Lage y Miguel Álvarez, el Estudiante.
eran otros tiempos ENERO 1845
«Son excelente gente y el jefe que los manda es elemento de orden»