Ni los más veteranos del lugar recuerdan un fenómeno como el que el Concello de Vilagarcía está experimentando en este noveno mandato municipal desde la reinstauración democrática. En apenas año y medio, la corporación ha visto cómo la tercera parte de los 21 concejales electos en el 2011 han hecho las maletas para abandonar sus actas. El más madrugador, puesto que ni siquiera tomó posesión, fue el candidato del PSOE a la alcaldía, Modesto Pose, quien abrió el camino de su adiós a la vida política en primera línea con su renuncia en la capital arousana.
Con ser importante, el caso de Pose Mesura no fue más que el inicio de un movimiento centrífugo en el que pronto se vio envuelto otro de los aspirantes al bastón de mando. El nacionalista Xosé Castro Ratón decidía poner fin a su también prolongada carrera en la arena municipal (era concejal desde 1999) tras la experiencia de gobierno en coalición con los socialistas.
El BNG es, sin duda, la formación en la que la renovación poselectoral se ha instalado con mayor profundidad, puesto que su grupo municipal, compuesto por tres concejales, ha cambiado en su totalidad en esta fase inicial del mandato. Xurxo Abuín, quien retornaba al pleno con el objetivo de reactivar el movimiento vecinal desde el Concello, seguía el camino de Ratón al poco tiempo mientras que Ana Lorenzo, agotada tras un intenso mandato al frente de los servicios sociales municipales, imitaba a ambos sin demora.
El ala diestra también ha sufrido sus bajas. La de José Luis Rivera Mallo, para empezar, al que un pacto con el PP abrió de nuevo las puertas del Senado. El caso de Luis Garrigós, pieza central del esquema de Fole en tanto que concejal de Deportes, tiró la toalla en septiembre en medio de la intensa controversia suscitada por la concesión de una parte de Fexdega para una instalación de pádel privada. Ahora está a punto de marcharse a Santiago Marta Rodríguez, reclamada por la dirección del PPdeG. Siete, como las leguas de aquellas botas del cuento.