El joven marroquí Driss Elmoukarrabe encontró en el balón oval una forma de integración
23 nov 2012 . Actualizado a las 07:00 h.La historia de Driss Elmoukarrabe representa a cientos de miles de inmigrantes que un día decidieron buscar un futuro mejor en la idealizada Europa. Y es que, con 17 años recién cumplidos, este joven marroquí lleva casi un lustro luchando por forjarse un porvenir que se presentaba muy oscuro en su Tánger natal.
A los 12 años, Driss emprendió su primera aventura en el viejo continente llegando de forma ilegal a Marsella, donde contaba con el apoyo de unos familiares. Pero sus problemas de adaptación le llevaron a buscar un retorno que las autoridades le concedieron con la condición de no volver a emprender un viaje similar. De vuelta en su Tánger natal, Driss compaginó trabajos de carpintería con la descarga de pescado en el puerto, además de ayudar a la gente que iba a por fruta y verduras cargando con la compra a cambio de propina y parte de la mercancía.
Pero pese a su primera experiencia fallida, el joven no tardó en plantearse repetir su aventura europea. Y con solo 13 años, volvió a lograrlo en compañía de un amigo, con el que viajó rumbo a España desde el puerto de Tánger en los bajos de un camión. «Lo había intentado varias veces antes, pero siempre nos cogían. Pero aprovechamos un día de mucha lluvia, confiando en que los guardias y los perros no nos cazasen», explica.
Y así fue. Consiguieron entrar en el ferri en dirección a Algeciras, donde los descubrieron y los enviaron a un centro de internamiento desbordado por el alto número de inmigrantes. Así que Driss no tardó en buscar un nuevo destino junto a su amigo. «Un día que nos llevaron a la piscina pública aprovechamos para escaparnos, y nos fuimos al puerto de Algeciras andando desde Tarifa», cuenta. Allí se montaron en otro camión, sin saber hacia donde se dirigía. Su amigo se bajó en Sevilla, mientras que Driss continuó su viaje hasta la localidad lusa de Faro. Allí lo descubrió el camionero y lo entregó a la policía, que lo llevó a un centro en Albufeira.
Su siguiente destino fue la casa de un familiar en Braga, pero tampoco allí se sintió a gusto. Así que, poco después, durante la Semana Santa del 2010, decidió escaparse de casa, montándose de nuevo en un camión que le llevó hasta Tui. «En cuanto me bajé, apareció la Guardia Civil. Yo empecé a correr, porque no quería volver a un centro. Pero finalmente me alcanzaron, y me trajeron a Pontevedra, a la Ciudad Infantil Príncipe Felipe».
Al principio, Driss seguía empeñado en salir lo antes posible de allí. «Pero después, cuando vi que me trataban bien, decidí quedarme», reconoce. Desde entonces, han pasado dos años y medio, en los que el joven ha conseguido legalizar su situación y se ha integrado completamente en su nueva vida.
Un diamante en bruto
Para ello, el deporte ha jugado un papel fundamental. Empezó jugando al fútbol, probando con el Pontevedra y el A Seca, hasta que un día el rugbi se cruzó en su camino casi por casualidad. «Un día vinieron por el centro Eloy (presidente del Mareantes) y Gonzalo (técnico del club). Yo no sabía nada de rugbi, pero nos pusieron unos vídeos y me animaron a probar con el equipo. Y me encantó», recuerda.
«Ya destacó el primer día, cuando lo vimos en el colegio», reconoce el presidente blanquinegro. Pablo Irago, su entrenador en el equipo infantil, refrenda esta opinión. «Esta temporada tiene muchos números para jugar con la selección gallega», asegura. Durante este tiempo, los educadores de Príncipe Felipe y sus entrenadores han conseguido moderar su difícil carácter. Ahora, Driss estudia un curso de reparación de barcos y de carpintería y poliéster en Marín. Y en los próximos meses, pasará a vivir en un piso tutelado por un educador junto a otros jóvenes, dentro del Programa Mentor de la Xunta.
Al mismo tiempo, el joven seguirá con su meteórica carrera en el rugbi dentro del equipo sub-18 del Mareantes. Y si mantiene su progresión, no hay que descartar que debute con el primer equipo. «Cualquier entrenador querría a un chaval como este para pulir», afirma Pablo Irago.
Más allá del deporte, el presidente blanquinegro espera que Driss tenga la oportunidad de forjarse el futuro que se merece. «Lo que más me preocupa es que, además de un buen deportista, siga siendo un buen chico. Su situación es complicada, porque tendrá que buscarse las habichuelas por su cuenta. Pero siempre tendrá nuestro apoyo», asegura Eloy Artime.
Driss Elmoukarrabe Jugador del Mareantes Rugby Clube Pontevedra