La gimnasia rítmica en Poio disfruta de su adolescencia. El arte de combinar la danza, el ballet y la gimnasia al ritmo de la música vio la luz en el año 1996, cuando el Concello se percató de la necesidad de fomentar el deporte entre las niñas del municipio. Así nació el Club Saraiba Escuela Deportiva de Poio. Cinco niñas constituyeron la fase embrionaria, y después de varios años de gestación, el club logró consolidarse en la élite gallega.
A pesar de contar solo con 16 años de vida, gimnastas del Saraiba ya han subido a lo más alto del podio en torneos autonómicos. Las niñas que prueban esta modalidad deportiva sucumben al encanto de su elegancia y finura. «Las chicas se divierten, y reconocen que es un deporte bonito», precisa María Jesús García, que este mes cumple dos años como presidenta del club.
En un deporte que dominaron históricamente la antigua Unión Soviética y los países del Este europeo, España siempre dio la guerra con las mazas y las cintas sobre el tapete en todos los niveles, incluido el olímpico.
Es una disciplina muy exigente. Antes de alcanzar el nivel de exhibición y de competición, las niñas entrenan una media de dos años. Es la denominada fase de iniciación. Las futuras gimnastas se sumergen en el aprendizaje de la flexibilidad, los movimientos y la coordinación. «Cuando están preparadas, las niñas ya dan el salto al club y compiten», subraya María Jesús García. «Cada una es poseedora de unas determinadas cualidades, pero suelen empezar con la rítmica cuando tienen entre 6 y 9 años».
La idea de combinar la música con la gimnasia seduce a las pequeñas vecinas de Poio. Y los exquisitos bailes rítmicos que ponen en escena van acompañados de los aparatos oficiales de la Federación Internacional de Gimnasia, organismo que también regula la gimnasia acrobática y la artística, entre otras. La pasada temporada, una de las partituras elegidas para el toque musical del Saraiba procedía de El fantasma de la opera.
Siete horas de entrenamiento
Forman parte de sus vidas las cintas, las pelotas, los aros, las mazas y las cuerdas. No obstante, y a corto plazo, una de estos aparatos pronto dejará de ser oficial: la cuerda.
Para esta temporada, el Club Saraiba de Poio cuenta con cerca de una cuarentena de gimnastas con edades comprendidas entre los 6 y los 16 años. En este deporte tan disciplinado y tan exquisito, muy pocas deportistas lo abandonan antes de los 15 o 16 años. Es una edad clave. «Muchas lo dejan por los estudios ya que no pueden compaginar ambas cosas», apunta María Jesús García.
Cada semana, las gimnastas de Poio entrenan tres días para dejar sobre el tapete siete horas de sudor, acrobacias, trabajo y, sobre todo, arte. Son seis horas dedicadas a la gimnasia rítmica y otra a clases de ballet. Los martes, jueves y viernes, poco después de salir del colegio, las atletas que se mueven con la delicadeza de los cisnes acuden al pabellón municipal de A Seca para entrenar bajo la dirección de Paula Piñeiro, su hermana Eva, y Sandra Fernández, de cuatro a seis de la tarde. El día más complicado es el jueves. «Al finalizar la rítmica, les toca una hora de ballet», detalla la presidenta del club poiense. La lección del baile clásico corre a cargo de Rebeca Santos.
El año pasado, las niñas del Saraiba alcanzaron un segundo puesto en el campeonato gallego de categoría de base individual y varios cuartos puestos en prebenjamín y alevín. «Tuvimos un año regular, pero pasa de vez en cuando», añade.
Y aunque en el mes de diciembre las acróbatas de Poio dejarán muestra de su calidad en torneos de exhibición, la dureza de la competición se produce a partir del mes de marzo. No obstante, la época más dura para tirar los aros al cielo, pasarse las mazas, dibujar sobre el espacio con las cintas y maniobrar con las cuerdas delante de jueces y público se produce en los meses de mayo y junio.