En el colegio de Vilarmide han recuperado una parte de lo que fueron aquellos meses del Prestige. En uno de los pasillos se han vuelto a colgar las palabras «Nunca Máis» y la recopilación de noticias que los escolares de entonces hacían a diario. Allí están, claveteados con chinchetas, las piedras negras, los voluntarios, el barco hundiéndose, las aves petroleadas, las manifestaciones, los políticos y hasta el rey: «Todo foi feito polos rapaces -recuerda Eduardo Noia, director hoy y director entonces-. Lembro que nos chegaban cartas de escolares de toda España. Solidarizándose con nós. Chegou un momento que tivemos que facer unha carta estándar para poder responder a todos. Fixemos ata intercambios con algúns deses centros». Hasta la sociedad SEO Birdlife les hizo entrega de un cheque de 600 euros: «Dímosllo aos voluntarios».
Han pasado diez años y Eduardo, junto con Andrés Ramos, otro profesor veterano que condujo a los alumnos que confeccionaron durante meses lo que hoy es un impresionante archivo de la catástrofe, repasa aquellos días de enorme intensidad. Sin embargo, el colegio de Vilarmide tiene una amenaza más severa que la que supuso el petrolero: su alumnado mengua cada vez más deprisa. El director es a la vez tutor de la clase de diez años y tiene a nueve alumnos en el aula. Admite que el Prestige apenas ha sido objeto de atención en clase, pero los chavales saben de qué va el paño.
«Chapapote» es una de las primeras palabras que surgen en la conversación. Todos conocen perfectamente su significado. Incluso su color, su olor y su textura. Todos saben que el Prestige está en el fondo del mar, pero...: «Pode que aínda quede un pouco de petróleo», apunta Jonathan; «Seguro porque de vez en cando aparece o chapapote. Eu vou a pescar e as veces o vexo», dice Anxo. Antía es de la misma opinión, el petróleo no ha desaparecido: «A min un día enchéuseme unha zapatilla na praia». Y Lucía aporta más datos: «Na praia de Muíños, se cavas un pouco na area, aínda o podes atopar».
Más allá de la presencia o no del Prestige en los contenidos educativos, los nueve rapaces han oído hablar en casa del petrolero, muchos han visto monos tintados y recuerdan las imágenes de las aves. El chapapote, aún pueden tocarlo.