El diario de Javier y Borja, dos hermanos asturianos aislados a la espera de un trasplante, se convierte en un fenómeno en la red social
08 nov 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Se metieron en aquella habitación con una consola, un portátil, unas cartas y un par de libros para estar encerrados durante un mes. Javier necesita una asepsia total para someterse a un trasplante de médula. Y necesita también a alguien que le alivie esa soledad. Por eso se metió Borja con él. Es uno de sus seis hermanos; una familia que vivió con estupor el diagnóstico de Javier. Su médula se quedó sin capacidad para fabricar plaquetas y su organismo, a merced de cualquier mínima hemorragia. Así que allí están los dos, esperando que llegue el tercero, Federico, el donante que con una parte de su médula le dará a su hermano la posibilidad de reparar la suya. Le dará vida.
La parte más difícil del proceso se completará a finales de esta semana. Mientras culmina, Borja pensó que sería una buena idea contar la experiencia en Twitter. Para los conocidos. El caso es que ahora ya son más de 6.000. Todos animando a los hermanos Alonso. Desde varios continentes, desde un F-18. Desde las cadenas de radio y los informativos de televisión: «Buf. He tenido que apagar el móvil, porque esto es no parar».
Alucinados
Borja contesta a la hora convenida. Ni un minuto antes: «La verdad es que estamos un poco alucinados con toda esta repercusión». Desde la habitación que comparte con su hermano en el Hospital Central de Asturias, en Oviedo, explica que no es la primera vez, que ya pasaron los dos juntos por un aislamiento el año pasado mientras probaban una terapia con su hermano. Entonces fueron seis días. De esta serán treinta: «Lo principal es no pensarlo. Si piensas en lo que te queda, se te viene todo encima».
Claro que, con lo que no contaban ni Borja ni Javier era con que la tropa de Twitter se fuera enganchando poco a poco con su hermosa e insólita experiencia. La avalancha de seguidores de @Enaislamiento les tiene más que entretenidos. Sobre todo a Borja: «Javier los lee, pero no comenta». Javier se anima más cuando viene a verle su novia, todos los días. Se tienen que mirar de refilón, por una ventana. Pero a Javier le alegra el día. Cuando ingresaron, recibió un tratamiento de quimioterapia que lo ha tenido un poco apagado. Así que casi no les ha dado tiempo a medirse en el Fifa o en el Call of Duty. Con atender el Twitter y a la catarata de medios que se están interesando por ellos hay trabajo de sobra. Tanto que hasta sus padres les han llamado la atención: «Dicen que siempre estamos comunicando».
Estudiantes de Farmacia
Los hermanos Alonso, estudiantes ambos de Farmacia siguiendo una sólida tradición familiar, llevan en su habitación una rutina rigurosa. La marcan las comidas, las visitas del médico, los controles. Pero ellos la van sorteando, robándole horas al tedio, cargándose de ilusión: «Seguro que va a salir todo bien», dice Borja, a quien no se le olvida que el 19 es el cumpleaños de Javier: «Algo tengo preparado», confiesa. Será por fiestas. También se está cociendo otra para celebrar el fin del aislamiento, cuando los dos hermanos salgan por su pie de la habitación que ahora les aísla y celebren con todos los que se han enganchado a su historia a través de Twitter: «No sé cuando, ni cómo, pero tenemos que armar esa fiesta», afirma Borja. Seguro que será de las gordas, teniendo en cuenta todo lo que habrá que celebrar. Lo más importante: la curación de Javier.