Bruno Vence hace cuatro meses que llegó a Santiago para hacer el último curso de Comunicación Audiovisual y buscarse su futuro
04 nov 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Unos meses dándole vueltas a la cabeza y «casi por casualidad» decidió cruzar el charco y dar carpetazo a las escasas opciones de futuro que había en Galicia. Su nueva vida en Santiago de Chile llegó de la mano de una beca de intercambio de la Universidade de Vigo que concedió a Bruno Vence la posibilidad de estudiar su último año de carrera en la Universidad Mayor de la capital chilena. Fueron muchas las razones para tomar esta decisión, «pero la más importante fue el ahora o nunca podré vivir una experiencia como esta», señala este joven estudiante de Comunicación Audiovisual. Dejó atrás su trabajo como dependiente en Zara, con el que se costeaba los estudios, y decidió «arriesgarse» para ver si Chile le ponía en bandeja un futuro más esperanzador.
Apenas lleva cuatro meses en la ciudad, pero en diciembre volverá a Pontevedra para pasar la Navidad y presentar el proyecto de fin de carrera. Será un punto y seguido en su etapa sudamericana, ya que en sus planes está volver. «En cuanto tenga el título en mi mano, pienso intentar trabajar en Santiago, ya que la situación en España es muy triste y el elevado paro hace que no vea mi futuro allí», explica. La dirección de fotografía o la realización de videoclips son las dos posibilidades que se le abren en el abanico laboral chileno.
Pero, ¿qué hay en Chile para haberlo enamorado en tan poco tiempo? Sus paisajes y su geografía. Ahí es rotundo. No duda. Lo tiene tan claro que está aprovechando los fines de semana libres para conocer todo Sudamérica. El desierto de Atacama, la costa chilena o la Patagonia argentina son una página más en su diario vital.
Los primeros meses le costaron. Aterrizó en Santiago en agosto, con demasiado frio para ser europeo y con una maleta con más dudas que ropa. Poco le duraron. A pesar de que tacha a los chilenos de «tímidos, secos y algo malhumorados», asegura que cuando te ganas su confianza son «agradables y saben conversar de cualquier tema». Aún así el grueso de su amistades son europeas.
Contrastes
«La ciudad es de contrastes, como la mayoría de las sudamericanas, pero con un buen nivel de vida, a la altura de cualquier capital europea en los precios de la ropa y los alquileres», explica Vence, que comparte piso con dos portugueses, pero en «nuestra familia chilena hay varios españoles, un holandés, una sueca, un brasileño y un alemán». El mapamundi de sus amistades es solo el reflejo en una ciudad multicultural.
Bruno vive entre el barrio de Sanhattan, lo más parecido al centro financiero de Dubái o Nueva York, o Lastarria o Bellavista, dos zonas bohemias que han conquistado a Vence desde que llegó. «Suelo ir a estas zonas con una vida social y cultural muy activa, llenas de cafés agradables y con muchas exposiciones que se pueden visitar», explica. Frente a esto, la periferia de la ciudad ofrecen una imagen triste y pobre de la capital más cara de Sudamérica.
Para Bruno, Santiago tiene un pero. La forma de entender la noche es «distinta, aquí la gente sale muy pronto de casa para beber terremotos o pisco, que son las dos bebidas oficiales de Chile». Eso no ha frenado sus ganas de fiesta. Ya las tenía en España y se las ha llevado a Santiago. «La noche termina mucho antes que en Galicia, sobre las cuatro de la mañana y para eso la policía es muy exigente», subraya.
Bruno es feliz en Chile, donde una bandera gallega firmada por sus amigos cubre una de las paredes de su casa. Sabe que a Galicia siempre puede volver, pero recalca que las oportunidades que le brinda Santiago, no se las ofrece Pontevedra.