«Ni bebemos ni somos drogadictos ni andamos por ahí a robar. Vivimos aquí porque se nos acabó el trabajo, buscamos otro y no encontramos». Con estas palabras se presentó ayer Álex, uno de los inmigrantes rumanos que viven en el nuevo poblado chabolista de Lugo, recién levantado en el barrio de Paradai. Cuenta que tiene 25 años -aparenta algunos más- y prefiere no facilitar su nombre real. «Estoy buscando trabajo y si un dueño [empresario] ve como vivo es mal para mí; así no encuentro trabajo nunca», justifica en el camino que divide las ocho cabañas de madera, plástico y cartón en las que malviven, según sus cálculos, ocho personas de tres familias distintas. ¿Hay niños? «Antes había un chico con dos, pero ya no están», asegura.
Álex explica que llegó a Galicia desde Rumanía hace tres años porque un amigo le ofreció un empleo en la madera. Durante dos años cortó pinos y eucaliptos por los montes. El tercero se quedó en el paro. «Tenía una habitación, pero cuando te quitan el trabajo no tienes con que pagar alquiler y quedas en la calle», relata. Afirma que él y varios compatriotas del poblado tienen en regla los permisos de residencia y trabajo. Por eso no se plantean volver a su país a corto plazo. «Rumanía está mucho peor que esto», añade María (nombre ficticio), la esposa de Álex, que no tiene papeles.
A la conversación se suma Basili, que también da una identidad falsa. «Si voy a entrevista y la gente me ve en periódico, me dicen que me vaya», argumenta. Todos subsisten pidiendo limosna en el centro. «Con lo que pedimos, comemos, aunque no todos los días podemos comprar comida», señala la mujer.
-¿Qué hay de las mafias que, según se dice, los reparten por la ciudad para pedir?
-En otros pueblos, puede. En Lugo no. Vamos nosotros por la mañana y volvemos sobre la una y media.
Afirman que viven juntos por seguridad. Aunque Lugo, dicen, «es tranquilo». «No tenemos problema con nadie», aseguran.
en directo en el nuevo poblado chabolista de lugo, en paradai