Abel Caballero se ha convertido en alcalde en dos ocasiones pero sin encabezar la formación más votada, ni tener por tanto mayoría absoluta. Quienes le conocen aseguran que está empeñado en cambiar esa situación y liderar la primera fuerza en las urnas en el 2015. Los datos del domingo son interpretados por su entorno de manera parcial, pues eluden a propósito haber perdido 17.000 votos y 8,2 puntos respecto a las autonómicas del 2009, pero sí valoran parcialmente en cambio haber sido la ciudad donde el PSOE obtuvo su mejor porcentaje y la distancia más corta con el PP (del 9,7 %). En todo caso, Caballero ha tratado de dejar claro durante su escasa campaña que estas no eran sus elecciones, pese a ser presidente del PSOE local, e incluso que para su estrategia es mejor contar con un adversario en la Xunta con el que confrontar. Pero para para lograr ser la primera fuerza, el PSOE vigués tendría que abrirse hacia el centro y afilar su discurso viguista para tratar de hacer su programa más transversal. Ese escoramiento le puede sin embargo costar un traspiés, dada la composición del nuevo mapa político, en el que Alternativa Galega de Esquerdas en su estreno en las urnas habría obtenido solo un escaño menos que Caballero al dibujarse una corporación extrapolada de 11 ediles para el PP, 7 PSOE, 6 AGE y 3 BNG. Aunque una composición como esa le garantizaría una posibilidad de mantener la alcaldía, el precio se antojaría más alto, sobre todo de manos de EU muy crítico siempre con su gestión.