El campo próximo al aserradero es un enclave habitual de hongos de gran tamaño, aunque no son comestibles
21 oct 2012 . Actualizado a las 07:00 h.El otoño es tiempo de setas. Proliferan por las zonas húmedas, de todas las especies y tamaños. Algunas, con un porte excepcional. Es el caso de la que se encontró hace unos días Román Carballal, el titular del aserradero de Cercio, al pie de un roble próximo a su negocio: «Terá uns trinta centímetros de alto por 75 de diámetro. É talmente como unha fonte de orellas de Entroido, como se tivese sete ou oito capas».
La arrancó a mediados de semana, y la conserva en el taller. Porque aunque Carballal es aficionado a las setas, como el pan de sapo y otras especies comestibles, reconoce que no sabe de qué especie es esta, y prefiere no arriesgarse: «Vin unha parecida na televisión, pero non teño claro a que especie pertence».
Por lo que se queda como objeto de exposición, en una zona propicia para estos prodigios de la naturaleza: «Non é a primeira vez que se dá, e no mesmo sitio. O ano pasado xa aparecera outra seta enorme, e mesmo agora hai outras catro ou cinco moi grandes alí, aínda que máis pequenas que esta». Todas ellas pegadas al tronco de un roble, hasta casi completar el círculo del árbol; y haciendo pensar a los aficionados a la micología la pena de no ser más apetitosas.