El pontevedrés Hugo Aldatz camina en modo «skate». Su pasión la contagia a su obra artística y al diseño de tablas y camisetas
21 oct 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Igual que se desliza por la vida también lo hace por el arte en patín. Con más de media existencia subiendo y bajando rampas, es normal que Hugo Aldatz piense en clave de skate. Este pontevedrés estudia el grado de Bellas Artes desde una óptica clara: la reivindicación del disfrute del espacio público y la necesidad de dar rienda suelta a su pasión a través de la creación.
Su casa está llena de guiños, empezando por algunas de las piezas con las que inició su proyecto de carrera. Una serie de piscinas vacías realizadas sobre un tronco o sobre un libro que ofrecen la posibilidad de practicar mentalmente el citado deporte sobre ellas. «Se nos ha enseñado la función única de los objetos -cuenta Aldatz, que también fue monitor de skate y de fotografía en Noites Abertas-. Parece que si la piscina no tiene agua no se puede hacer otra cosa».
Ha combinado estudios y trabajo, y tiene claro que lo que ha hecho el patín «es alterar mi modo de ver». «Llevo mucho tiempo patinando y eso te adapta a la hora de ver -cuenta-. Por ejemplo, voy por la calle y la arquitectura me parece muy interesante, los espacios públicos y el cómo se emplean, un poco por eso mismo. Porque yo como jugador, juego en el espacio público y veo qué puedes hacer, qué no puedes hacer, cómo puedes intentar hacer ciertas cosas... Y veo que te venden que es espacio público, pero no lo es, porque si lo fuera, todos podríamos hacer algo, intervenirlo... Todo lo contrario, el espacio público significa que no es de nadie y nadie puede hacer nada en él. Mi trabajo va en esa línea, reutilizar espacios abandonados, que es como tema tabú».
La madera es un material indispensable, tanto para sus creaciones artísticas como para el diseño de tablas, que realiza a través de la marca Blurs y pronto a través de otra nueva (también diseña las camisetas, en las que las rampas se entrelazan dibujando formas como calaveras). «Yo, siendo de Galicia, más que el mar necesito el verde». Verde se llama su perro y The Green Family la firma de fotografía que ha montado con su novia, también artista.
Su primera instalación la realizó con un amigo hace seis años, bajo el nombre de Jugo y Pellejo, en una pequeña galería, donde montaron un par de rampas adaptándose al espacio. Los jueves, mientras duró la exposición, los aficionados podían ir a patinar. «De lo que hablo es de la importancia del juego, sobre todo en la sociedad de hoy, donde parece que lo único que importa es el trabajo y si lo primero que te importa no es el trabajo, eres un bala perdida. Y no, creo que hay que llegar a un equilibrio. Lo otro no es vivir, es sobrevivir. Nosotros hablamos de patinar, pero si lo que quieres es correr y brincar por la calle, hazlo». Lo que es increíble, dice, es que haya tanta afición en Pontevedra a su deporte favorito sin espacios habilitados para practicarlo.