Xesús Manoel Abalo lleva cinco años y medio en Estocolmo. Es biólogo, y en Suecia ha encontrado las oportunidades que Galicia no le brindaba
13 oct 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Suecia es un país lejano. Nos queda más a mano que cualquier rincón de América, es verdad, pero mentalmente nos queda a mucha más distancia. Y es que de Nueva York conocemos sus calles gracias al cine. De América Latina, su lengua, su música y su ritmo. Suecia nos la imaginamos como un país avanzado, organizado y frío. Y si le hacemos caso a Xesús Abalo, que lleva seis años viviendo allí, deberíamos llegar a la conclusión de que el país real es bastante similar al imaginado.
«Estoume asuequizando gradualmente», dice este biólogo. Él creció a orillas del Ulla, en Pontecesures, y quizás por la proximidad del río y de los valeiros estudió Biología y se doctoró con una tesis sobre el desarrollo nervioso central de la lamprea de mar. Entonces, «sendo xa doutor en Bioloxía, a única opción para poder seguir en ciencia é saír fóra, para poder medrar como investigador nalguna universidade de Europa ou Estados Unidos».
De Karolinska a Uppsala
Xesús puso rumbo a Suecia. Concretamente a Estocolmo, donde tanto él como su mujer -también doctora en Biología- recalaron en primer lugar en el Instituto Karolinska. Luego, él cambió de destino y se incorporó a la Universidad de Uppsala. «Este mesmo ano conseguín financiamento da Academia das Ciencias sueca e dunha fundación privada para comezar o meu propio grupo de investigación en xaneiro de 2013, o que significa que espero quedar aquí por moito tempo». Y es que en Suecia ha ido construyendo su vida, satisfecho con la «tranquilidade e a seguridade» que se respira en ese país nórdico. El país en el que nacieron sus dos hijos: Santi, de cuatro años y Antía, de dos. «Os dous nados na mesma habitación do hospital Karolinka», cuenta el orgulloso padre.
En Estocolmo, ser científico no convierte a nadie en un extraterrestre. «Moitas veces pregúntanme en que traballo e respondo que son científico. Entón pregúntanme máis, a especialidade, e amosan interese, mesmo admiración. En Santiago pasoume unha vez que me preguntaron que facía e dixen que científico. A resposta foi: ?¿É ti cando pensas empezar a traballar??».