Antonio Mosquera vive en Ringkøbing y trabaja en la Administración
06 oct 2012 . Actualizado a las 07:00 h.En el año 2008, Ringkøbing, una pequeña localidad de poco menos de 15.000 habitantes al oeste de Dinamarca, fue calificada como la ciudad más feliz de Europa. Esa misma encuesta subrayaba que, en general, los habitantes del país escandinavo son las personas más satisfechas y optimistas sobre su futuro.
Antes de esa popularidad, el pontevedrés Antonio Mosquera Barahona ya disfrutaba de los placeres de vivir en este lugar de la península de Jutlandia. Su primera visita al país danés fue en 1995 de Erasmus -porque falló Manchester- y cuenta que en una de las fiestas de la «dura vida» como becario en Århus, conoció a una estudiante de Medicina, Sonja, que hoy es su esposa. Volvió seis meses después a Santiago para acabar la carrera de Económicas y hacer la mili -«debí de ser una de las últimas promociones»- y en el 98, regresó a Dinamarca «a ver qué pasaba».
«Tenía bastante claro que para encontrar trabajo tenía que mejorar mi danés -cuenta Antonio-. Así que hice un máster en Economía en la Universidad de Aarhus mientras iba mejorando el idioma. Los fines de semana me ganaba unas perras repartiendo periódicos de madrugada...». Con apoyo familiar y el sudor de su frente acabó en el 2000 y fue cuando su mujer acabó Medicina y tuvo que hacer el equivalente del MIR en un hospital de la costa oeste de Jutlandia. «Así que para allá nos fuimos, y al final de año, encontré trabajo en el pueblo donde vivimos, Ringkøbing, cuando estaba ya a punto de tirar la toalla a la idea de trabajar de economista en Dinamarca», -explica-. En concreto, entró en la Administración regional. «Aquí no hay ofertas públicas de empleo para acceder a puestos en la Administración -dice Mosquera-. El procedimiento de reclutamiento es similar al del sector privado en España. También es cierto que hay unos criterios bien definidos y los políticos no se inmiscuyen en la contratación de personal en el sector público».
Fue trabajando como aprendió «de verdad» el idioma, y destaca que sus compañeros le han ayudado mucho. En el 2007, Dinamarca dio el paso para una reforma espectacular de la función pública. La Administración regional «fue prácticamente eliminada» y el número de ayuntamientos se redujo de más de 400 a 98. A los municipios se les transfirieron muchas de las tareas que hasta entonces eran responsabilidad de la región.
Equipo a su cargo
«Fue así como cambié a mi actual trabajo, pues el área en la que estaba empleado fue transferida al Ayuntamiento de Herning, a 40 kilómetros de Ringkøbing». Desde hace cinco años tiene un puesto de responsabilidad con siete personas a su cargo, que se encarga de temas económicos relacionados con el sector de servicios sociales (cuidado de ancianos, discapacitados, con problemas psiquiátricos o drogadicción, y por otro lado, temas de desempleo, bajas por enfermedad o prejubilaciones). «La verdad es que hay muy buen ambiente en mi equipo -señala Antonio-. No te imaginas los cachondeos que se traen cada vez que meto la pata con el danés. Yo también les pincho todo lo que puedo cada vez que algún deportista español consigue una victoria, lo que afortunadamente ocurre con frecuencia».
Ringkøbing está en el «salvaje oeste» de Jutlandia. Lo de salvaje lo dice por los fuertes vientos -«la posición natural de los árboles es con una inclinación de 30-45 grados hacia el este»- y porque «la gente está hecha de otra materia». «En general -asegura este pontevedrés- este es un país entrañable, con una sociedad cimentada en los lazos de confianza entre los daneses. Hay un altísimo nivel moral y de honradez en la población». Un ejemplo está en la biblioteca, abierta hasta las 10 de la noche. «Y digo abierta porque no hay nadie vigilando. Vas con tu tarjeta, abres la puerta, coges el libro o deuvedé, lo pasas por un escáner, metes tu código y te vas para casa... Igual pasa para devolver las cosas. Me parece un sistema impensable para España». En esa responsabilidad cree que radica «la gran diferencia entre la cultura mediterránea y escandinava».