Dos caras para una misma crisis

Rosa Estévez
rosa estévez VILAGARCÍA / LA VOZ

FIRMAS

MARTINA MISER

Las cotizaciones de la almeja están por los suelos.Mariscadores y comercializadores esgrimen sus argumentos

04 oct 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

En la pared de la lonja de A Illa, una televisión de plasma muestra imágenes de cómo los mariscadores se esfuerzan para sacar del mar sus mejores frutos. Tal vez esa proyección sea un mensaje subliminal con el que la cofradía quiere recordar a quienes acuden a comprar marisco que reunir un lote de almeja cuesta lo suyo. Que tiene un precio. Y no precisamente el precio que, desde hace unos meses, se está pagando por este producto: cantidades bajísimas que aún se han visto más reducidas con el inicio de la campaña de libre marisqueo.

Casi debajo de la pantalla, un grupo de compradores se ha acomodado en unas sillas de plástico, mando en mano, pendientes de parar la subasta en el momento oportuno. Charlan, hacen bromas, pero no pierden de vista el panel en el que se van marcando las cotizaciones.

Mariscadoras al quite

En A Illa, también las mariscadoras están al quite. Ayer no compraron almeja porque la babosa no se acercó a los números rojos. «Pero hai que estar aquí, pendientes todos os días», advierte Sita Castro, la presidenta de las mujeres. El lunes y el martes sí hicieron sus compras para evitar un descalabro total de las cotizaciones. «E parece que deu resultado», sentencia Sita. En la lonja reconocen que los precios, ayer, fueron «un pouquiño mellores» que en los primeros días de la semana. Lo atribuyen a que los jueves suele ser día de atender pedidos en las depuradoras.

Pero en estas empresas la actividad no es la que era hace solo un par de años. «Se pasas por algunha verás que ás dez da mañá xa están baldeando e limpando», argumenta un comprador. La empresa para la que trabaja, dice, no es una excepción a la regla, y muchos de sus compañeros se han visto en los últimos meses de patitas en la calle. «Antes mandabamos ao mercado uns 8.000 quilos por semana, e agora para chegar aos 4.000 bo traballo levamos», explica. Los clientes pagan cuando pueden y como pueden. «Eu sei que os mariñeiros se queixan dos prezos, teñen que mirar polo seu. Pero eles polo menos cobran. Outros non o temos tan seguro», señala.

Los precios son bajos, dice, porque «a economía non é a que era». Y en eso coinciden todos sus compañeros. ¿Y el producto de fuera no tiene nada de culpa? «Non hai tanto como se di», asegura uno. Otro lo contradice. «No mercado hai moita ameixa que non é de aquí».

Situación desesperante

En cualquier caso, los precios son desesperadamente bajos. Y eso enciende los ánimos de quienes salen al mar todos los días. Sita Castro recuerda que «de sempre, aquí na Arousa se esperaba ao mes de outubro, a que abrira a campaña, para desempeñarse e aforrar. Agora vimos empeñados do mar».

Uxío Chaves, portavoz de los camaroneros, se suma a la conversación. «Acaban de meternos un seguro novo. Os políticos, se queren cartos, que llos pidan a Europa e que se deixen de andar a poñerlle problemas a quen vai legal». Y hace un relatorio de agravios: desde el proceso de regularización de embarcaciones, hasta el furtivismo. Que lo hay. Y mucho. «Toda a ameixa que falta no mar leváronna polas noites». «Non a van levar, se non hai vixiantes. Para iso os políticos non teñen cartos, téñenos para pagar estatuas», apostilla Castro. A una administración «quisquillosa» con el sector y «despreocupada» por el furtivismo y las importaciones se suma, dicen, la falta de dirección del sector. «A Federación de Confrarías, en vez de mirar polos traballadores, anda a facer política». Y el horizonte, cada vez, más negro.

Los precios mejoraron ayer ligeramente.

Era día de atender pedidos

Acusan a la administración de ser quisquillosa con los marineros que «van legais»