Es para troncharse, lo de la vicepresidenta del Gobierno. «Cuando una piensa en lo que dice cuando está en la oposición, se sonríe», dijo en una entrevista reciente. Imagínense a Soraya Sáenz de Santamaría leyendo sus viejas frases en la pantalla, deleitada; sonriendo de medio lado al ver eso de «La prima de riesgo se llama Rodríguez Zapatero»; mordiéndose su vicepresidencial labio con aquello de «Lo que necesita España no es facilitar el despido», jeje jeje; y ya carcajeándose abiertamente, las mandíbulas agitadas, con lo de «En época de crisis tienes derecho a que te bajen los impuestos». Jajajajaja. ¡Madre mía!
Pero dudo que sea solo cosa de Soraya. Me da la sensación de que cuando uno se afilia a un partido sufre una modificación genética y se parte con esas cosas. En plan sádico. Así que imagino a Santi Domínguez mondándose al ver que dijo «Os nosos votos non son un cheque en branco a Caballero». O a Feijoo desternillándose ante su «Unha liña de metro en Vigo é posible e necesaria e porémola en marcha». Y, sobre todo, imagino a Abel Caballero chanceando con los amigos. «Y entonces voy y digo: ?El PXOM va a traer un mar de grúas?», jejeje. «Me fotografiaron subiendo al coche oficial en la manifa del Primero de Mayo y dije que no era verdad», jajajajaja, qué delirio. «O cuando prometí que Touriño como presidente vería un Vigo con pleno empleo», y venga a reír, esa es buena, que no se sabe si ríe más por Touriño o por el pleno empleo, jajajaja. «O cuando dije que la biblioteca del Estado iría en la Panificadora (y en Cluny y en el rectorado y en Artes y Oficios y en el auditorio y en Navia)», jajajajaja. O, por citar un clásico: «Si Caixanova no sigue sola, yo no me presento a las elecciones». ¡Dios, qué risa!
Pero no hay que tomarse las cosas tan al pie de la letra. En realidad, los políticos no sonríen: se parten. ¿Saben de quién?