Autónoma a los 102 años

María Conde PONTEVEDRA / LA VOZ

FIRMAS

La centenaria Lulú Vázquez, que vive sola, goza de una vitalidad envidiable

30 sep 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Hace unos días, Lulú Vázquez de Silva fue a visitar a una de sus sobrinas. Piluca vive en un quinto piso y el ascensor no funcionaba bien, así que, decidida, se puso a subir escaleras. Hasta aquí, nada que no hubiéramos hecho cualquiera. Pero el caso es que Lulú tiene 102 años y, aunque reconoce que «cansada», llegó perfectamente para llamar al timbre y sorprender aún más a su sobrina.

Y es que la vitalidad de esta pontevedresa, todo un desafío a las leyes de la naturaleza, asombra día tras día a allegados y conocidos. Una hora con ella es todo un libro abierto a la historia familiar y también de la ciudad en el último siglo. A través de su álbum de fotos, Lulú repasa su longeva vida identificando situaciones, lugares y personas como si los hubiese visto el mismo día anterior.

Su aspecto no refleja esos 102 años. Usa bastón, pero camina a buen ritmo. Tiene una asistenta por las mañanas, que se encarga de la casa y la comida -aunque muchas veces, ella misma se la prepara-, pero el resto del día se las arregla sola siguiendo una disciplina. «Me levanto no más tarde de las diez, desayuno, y rezo el rosario y mis oraciones, y luego me preparo». A eso de las doce y media, si hace buen tiempo, sale al encuentro de sus amigas en A Ferrería. Allí le encanta estar al sol y prolonga la conversación con Matilde, Berna, Conchita, Berta, Chelo, Coruxa y Quica.

Confiesa que últimamente, ha perdido apetito, «aunque antes me encantaban los potajes y de niña, los frijoles colorados, que nos hacía mi abuela, que era cubana». Y después de comer, en ocasiones se rinde a una siesta en el sofá. «El resto de la tarde, visito a mis sobrinas, calceto, hago cosas para no aburrirme, aunque ya no coso tanto, me cuesta enhebrar la aguja». Su última joya es una preciosa chaqueta rosa para bebé «que aún no sé a quién voy a regalar» -hasta hace muy poco tiempo equipaba con jubones a cada nuevo recién nacido de la familia- y ya ha empezado otra de adulto.

Elecciones

Dice que no presta mucha atención a la televisión, pero demuestra estar muy al día de la actualidad. Desde la presencia de Mario Conde en las próximas elecciones autonómicas -«me parece un engreído»- a los recientes sucesos del 25-S. «No entiendo que quieran entrar en el Congreso, y ahora le echan la culpa a la Policía. ¿Pero para qué llevaban piedras?». El 21 de octubre volverá a votar en la antigua sede de Magisterio y reconoce que es afín al PP «ya desde Alianza Popular». Y lamenta especialmente el «difícil» momento que se vive con la crisis.

Por la noche, se entrega a la lectura. «Me acuesto sobre las doce y leo a veces hasta las tres y media de la madrugada», comenta. Ahora está enfrascada en la novela El abogado del diablo, «que me gusta y me hace meditar».

«Lo sabe Dios», responde cuando se le pregunta el secreto para haber llegado al siglo en tan buena forma y después de haber sido víctima de un terrible accidente de tráfico en el que murió su hermana y ella casi pierde una pierna, y de un atropello que sufrió hace unos años cuando caminaba por la acera. Su sobrina dice que el vehículo la levantó de tal forma que dio con la cabeza en el balcón del primer piso del edificio. Lulú recuerda además que de niña estuvo muy enferma, «con sarampión, neumonía y tosferina». «Pero mi padre me mandó a la finca de unos primos, en Vedra, y el cambio de aires me sentó muy bien». Ella está convencida de que «habrá muchas como yo». Pero es difícil de creer.

Hace unos días, subió cinco pisos por las escaleras al no funcionar el ascensor

Sufrió dos graves accidentes de tráfico, el último, un atropello en una acera