No le faltaba razón a la concejala de Cultura cuando quiso recordar en el pasado pleno municipal que los museos son estructuras al servicio de la cultura y no de los políticos. Bueno, no lo dijo así exactamente, pero sí pretendía Isaura Abelairas censurar el uso del Museo do Mar de Galicia por parte del Partido Popular. Decía, con razón, que no es adecuado que sus salas acojan una reunión de alcaldes de este partido, a no ser que discutiesen sobre la evolución histórica de las artes de pesca en las Rías Baixas, que no era el caso. Tampoco era la primera vez que este museo se llenaba de cargos del Partido Popular. Ocurrió durante la inauguración del espacio dedicado a la marca Artesanía de Galicia. Aquel día, cualquier lugar donde se mirase dentro del museo había un presidente del Puerto o una delegada de la Zona Franca. Así pues, no le falta razón a la concejala viguesa.
Claro que es de gran torpeza ver la paja en el ojo ajeno cuando la viga en el propio ya alcanza dimensiones similares a los pilares del puente de Rande. Ya sea por la coyuntura económica, ya por un orden de prioridades, Isaura Abelairas pasará a la historia como la peor concejala de Cultura de la ciudad de Vigo. Su currículo está plagado de cadáveres culturales. Bajo su bien remunerado mandato se han sucedido el cierre de entidades y la supresión de estructuras culturales. Desde el Museo Liste hasta el programa de teatro por barrios Vigo a escena; desde el Arquivo Pacheco, pasando por el Centro de Fotografía, hasta los yacimientos de O Castro y Toralla. Una tras otra, el desprecio hacia el patrimonio y la cultura viguesa es constante. Implacable. Ni siquiera algo que tanto le gusta como las Festas ha salido bien parado en su mandato. Así que ya tienen gracia sus críticas a algo que sí es criticable.
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