Hace unos meses el Concello tuvo por una vez una idea sencillamente brillante y decidió aprovechar la última poda del olivo del paseo de Alfonso para generar en el vivero nuevos árboles que destinados a utilizarse como regalo institucional. De momento no tenemos noticia de que ningún visitante resultase lo suficientemente ilustre como para recibir tan precioso recuerdo, pero la idea no deja de ser excelente.
Pero esos nuevos brotes del olivo original, además de servir como regalo, deberían previamente plantarse como mínimo en todas las escuelas de la ciudad, y un ejemplar también en cada barrio y parroquia.
Los olivos ornamentales plantados en algunas calles céntricas, dentro de indignas macetas de un metro cuadrado que impedirán su desarrollo y soportando niveles de contaminación excesivos, deberían trasladarse con urgencia a otros lugares donde se garantice su vida futura.
Finalmente debemos considerar que si cada árbol representa un aliado para nuestra supervivencia, un olivo en Vigo es además una seña de identidad, por lo que su maltrato no solo debería considerarse un atentado ambiental sino a nuestra condición de ciudadanos de la ciudad olívica. Vivir en una ciudad identificada con un árbol es todo un orgullo del que tod@s nos deberíamos alegrar? y actuar en consecuencia.