La primera decisión política de la alcaldesa de Mos, Nidia Arévalo, fue subirse el sueldo. Lo hizo el 24 de junio del pasado año, nada más tomar posesión. Y no se quedó corta. Su salario creció un 33%, pasando de 36.000 a 48.000 euros. Una cifra notable para un municipio de 15.000 habitantes.
Como quiera que esto es un escándalo, mientras se pregona austeridad, su partido ha decidido buscar a Arévalo nuevas ocupaciones que justifiquen el sueldazo. Así, hace quince días fue nombrada «coordinadora» del Área Metropolitana. Se trataba de un cargo inventado, cuyas funciones consistían en llamar por teléfono al alcalde de Vigo y que éste estuviese apagado o fuera de cobertura.
En el imaginario del conselleiro Rueda, muñidor del vodevil del área, Arévalo iba a convertirse en alcaldesa de Vigo por la vía metropolitana. Así erosionaban a Caballero, objetivo último de todo esto.
Pero la cosa ha salido mal. Muy mal. Tanto, que da vergüenza lo vivido ayer en la sede de la Xunta, con la astracanada de los alcaldes jurando un cargo de pacotilla. El área ha fracasado no sólo, como pretenden Figueroa, Bravo, Rueda y Louzán, por la negativa de Caballero a participar. Sino también porque el PP quiso que naufragase. No olvidemos que los populares aprobaron la ley en solitario, con los votos en contra de PSOE y BNG. Y que fue modificada en el último trámite, para eliminar el voto ponderado que daba la presidencia del área a Vigo. Cambiaron el texto legal en el último minuto, durante el debate. Ahora, el daño está hecho. Ayer, la de la rumbosa nómina se quedó sin ser alcaldesa metropolitana de Vigo. Ya le buscarán ocupación, mientras los sufridos vigueses seguimos soportando despropósitos, eso sí, espléndidamente remunerados.
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El Partido Popular aprobó la ley del Área Metropolitana en solitario