22 ago 2012 . Actualizado a las 06:00 h.
Han sido catorce años y, se mire como se mire, ya era hora de que llegase el cambio. Ha tenido que ser un obispo, quién lo iba a decir, el que se ha puesto manos a la obra para darle el finiquito a algunos de los dinosaurios que desde hace mucho tiempo ostentaban el reparto de poderes en la diócesis y, de paso, a predicar con el ejemplo en una provincia que lastra el vicio de los políticos de perpetuarse en los cargos durante todo el tiempo que les sea posible. Él dirá que se puede tener dinero y ser caritativo pero puede estar tranquilo, su ¿dimisión? no cambia eso para nada.