«El casco del caballo es como los pies del hombre, hay que cuidarlo»

María Santalla VILAGARCÍA / LA VOZ

FIRMAS

Este vilagarciano es uno de los pocos profesionales titulados de Galicia

19 ago 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

herradores marcos iglesias ferreira

Con solo 23 años, Marcos Iglesias es ya un experto herrador de caballos. Y no uno cualquiera, porque este joven de Zamar tiene en su poder, desde hace cinco años, la titulación de técnico herrador de caballos, conseguida a través de un curso en la escuela de herradores Sierra Norte, en Madrid. «Ya desde pequeño teníamos caballos en casa, venía el herrador y yo andaba con las herramientas viejas. Así empecé». Desde entonces comenzó a soñar con dedicarse a ello y, cuando llegó el momento de elegir profesión, una consulta en Internet le dio la pista. Así descubrió la escuela que le convertiría en el primer herrador de la familia y uno de los pocos que quedan en Galicia.

Tuvo que irse lejos porque aquí no hay cursos de formación en este oficio -«a lo mejor viene uno a dar unas clases, pero nada más»-, pero a los pocos meses regresó con su sueño cumplido, ese que le convirtió en un esmerado cuidador de los cascos equinos. «Mucha gente no se preocupa. Los caballos deberían herrarse cada 35 o 40 días, pero muchos lo hacen cada dos o tres meses».

La operación

La operación tiene su intríngulis. El herrador experto debe observar con detenimiento los aplomos de los caballos para que la herradura quede bien, y hay que comprobar los talones para ver si todo coincide a la perfección. «Hay que mirarlos de frente, de lado y por detrás para ver que todo está bien», explica Marcos, que desvela a los no iniciados que en el espectro de las herraduras también hay números como si de zapatos se tratase.

Además, los pies de los caballos también sufren problemas y deformidades como los humanos. «Algunos tuercen un poco el casco y tienes que corregirlo. En este caso hay que herrarlos más a menudo», indica el joven vilagarciano.

De hecho, existe una amplia gama de herraduras para los equinos, según las peculiaridades de cada uno, y también una extensa carta de técnicas para solucionar todos los problemas y todas las necesidades. Porque, según confirma Marcos Iglesias, no precisa los mismos cuidados un caballo que trabaja que uno que no lo hace, ni uno que vive en granja que otro que lo hace al aire libre. Así que el trabajo de Marcos es algo más que clavar herraduras en los cascos: debe conocer qué es lo mejor para cada equino y aplicarlo. Los que están en el monte, por ejemplo, no se hierran, «porque ya van por terrenos duros y se van limando ellos». Por cierto, hablando de los ejemplares salvajes, a Marcos le parece «un crimen» que se les pongan cepos.

El proceso de herraje en sí se realiza con clavos y martillo. Al caballo -aclara Marcos- no le duele nada, porque se opera exclusivamente sobre la uña. Pese a ello, hay que tener cuidado y conocer muy bien a los animales, y ni siquiera eso basta para conjurar completamente el riesgo. «Ya llevé varias patadas, aunque, por suerte, ninguna grave». Gajes del oficio.