Primera parada, London Bridge

Rosa Estévez
Rosa Estévez VILAGARCÍA / LA VOZ

FIRMAS

Carla e Iván viven en Londres. Les encantaría volver a O Grove, pero creen que la vida los empujará antes a horizontes más lejanos

18 ago 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Vistas a través del filtro mágico de la televisión, las Olimpiadas derrochan el glamur de las medallas, la emoción de los triunfos y la dignidad de las derrotas. Pero convivir con calles cortadas, medidas de seguridad extremas y toda la parafernalia que llevan aparejados este tipo de eventos puede resultar un incordio. «Es un poco coñazo», nos confiesa, espontánea, Carla Bouzada, una meca en la ciudad del Támesis. Luego reconoce que «también tiene sus cosas buenas tener las Olimpiadas tan cerquita». ¿Por ejemplo? Ver subirse al podio de los campeones a Gómez Noya.

Ahora que la cita deportiva más importante de todas ha finalizado, la vida en Londres vuelve a la normalidad. Esa normalidad relativa que caracteriza a una ciudad formada por mil ciudades. Esa normalidad a la que Carla y su novio, Iván Vieites, dos grovenses en la diáspora, se han ido acostumbrando poco a poco. Ella ha tenido más tiempo para hacerlo: llegó a la ciudad del Támesis en octubre del año pasado, con un equipaje de esperanza y una beca de seis meses. «Por ahí las cosas estaban muy mal. Yo estudié Filología Inglesa y me preparé para poder dar clases», cuenta. Su futuro lógico pasaba por preparar unas oposiciones y esperar a que estas fuesen convocadas. «Pero las cosas no estaban nada claras, así que decidí venirme a probar suerte...».

La fortuna apreció su valor, y le sonrió, y antes de que se le agotase la beca, ya había encontrado trabajo como auxiliar de español en un colegio y en varias academias. Para redondear la operación, la Fortuna le llevó a Londres a Iván, su novio, que apareció junto al Támesis el mismo día en que Carla cumplía años. «Fue un regalo», dice ella. Y a través del teléfono se nota la sonrisa que tiene en los labios. En Londres, Iván reparte su tiempo entre rematar su trabajo de fin de carrera (es ingeniero de obras públicas) y trabajar en la cocina de un restaurante japonés «en el que no hay ningún japonés», según nos confiesa Carla. «Vino ya con la intención de trabajar en cualquier cosa», y lo cierto es que no tardó demasiado en encontrar un empleo. «Tuvo suerte. Gente que lleva aquí más tiempo dice que hace unos años era muy fácil llegar y encontrar trabajo, pero ahora ya no es así. Nosotros tenemos amigos que han venido y se han tenido que volver a casa porque no daban con nada», explica Carla. Y tras oírla es fácil entender que se sienta afortunada. «Hasta para encontrar piso tuvimos suerte. Es muy amplio y nos queda muy cerca tanto del restaurante como de mi colegio nuevo». Y es que el próximo curso, esta joven de O Grove dará clase en un centro nuevo, ya como profesora titular.

Londres se porta bien con esta pareja. Pero de ahí a pensar en «hacer aquí nuestra vida» hay un abismo. Primero, porque estos dos jóvenes esperan poder volver a su tierra algún día. Mucho se temen que, antes de emprender ese viaje de vuelta tendrán que rodar por el mundo un poco más. Quizás el camino les lleve a algún lugar en el que Iván encuentre trabajo «de lo suyo». «Quizás Brasil, que está muy de moda». Que la suerte siga viajando con ellos.