Acrobacia aérea centenaria

Rodri García A CORUÑA / LA VOZ

FIRMAS

La exhibición del domingo se celebró cien años después de otra similar en la que tres aviones volaron sobre la bahía

14 ago 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

«Al dar la hora arrancó el primero de todos Garnier. Dio una vuelta en redondo sobre el campo. Luego, abriendo la ruta se alejó hacia el Pasaje, pasó sobre Santa Cruz y Mera, y volvió a aparecer por encima de la Maestranza, aterrizando con la precisión característica en este maestrazo. Su vuelo, a 800 metros de altura, había durado diez minutos». Así se contaba en la primera página de este diario, el 11 de agosto de 1912, la exhibición aérea que había tenido lugar en la ciudad con la participación de tres aviadores y otros tantos aparatos. Apunta José Temprano que el espectáculo, bautizado como Pájaro de fuego, «era la primera vez que se hacía en España».

También tres pilotos, el equipo Bravo 3 Repsol, participaban el pasado domingo en la exhibición de vuelo acrobático. Contaba Anselmo Gámez, uno de estos pilotos, que la duración del vuelo «depende del buen tiempo, sobre 15 minutos».

Hasta en esto se repetía la historia: «No hubiéramos podido apetecer una tarde mejor para la sesión aviatoria. Sol brillante, brisa suave y cielo diáfano», decía la crónica de hace un siglo, que también detallaba las piruetas: «Poumet hizo unas monerías de destreza sobre el campo, y luego giró varias veces, dando la vuelta a la población. Total quince minutos de andar por la atmósfera». La misma duración, aunque nada tuvieran que ver con los Sukhoi 26 que volaron el domingo por encima de los mástiles de los veleros atracados en el puerto.

Las acrobacias clásicas siguen teniendo un cierto parecido, aunque el público que hace un siglo se congregaba en el entonces llamado campo de la Estrada no pudo ver los entonces desconocidos efectos que combinan humo y música, «es lo más creativo», decía Gámez.

Hace un siglo, Tixier era el tercer aviador: «Para el que creyese que este hercúleo piloto solo hace cosas serias en el aire, fue una revelación verle hacer alardes de equilibrio y habilidad en el aire. Viradas casi en dos metros, vueltas en 8 cerradísimas, la mar de diabluras, corto y ceñido...».

Adelantaba Anselmo Gámez que «lo más difícil es hacer todas las maniobras juntos, pegados, de forma sincronizada, con cruces». El domingo demostraron su habilidad para hacerlo, y es que el vuelo sincronizado sigue impactando al igual que hace cien años: «Uno tras otro, en el espacio de dos minutos, se remontaron los tres aviadores. Primero iba Garnier, encaminándose derecho a Montefaro. Después, un poco más alto y con igual rumbo, Poumet, y, por último, Tixier a mucha más altura. Los tres giraron sobre su derecha, a gran distancia, contorneando la costa al otro lado de la bahía. Así juntos, como si se persiguieran, semejaban un bando de gaviotas».