José Quintas combate la enfermedad con su habilidad
30 jul 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Siempre tuvo especial habilidad con las manos. Ironías de la vida, ellas son el signo más visible, aunque no el único síntoma, de la enfermedad que le fue diagnosticada hace algunos años. El ourensano José Quintas padece párkinson. Aunque quizás la palabra padecer no es la más adecuada. Convive con la enfermedad al tiempo que la combate. Lo hace precisamente con las manos. Lo hace por recomendación médica y por afición. Y lo hace en la misma casa en la que nació, en Soutelo da Pena, en tierras de A Limia.
Ha convertido la bodega en un pequeño museo. Siempre le gustó la carpintería, aunque a lo largo de su vida ha trabajado en multitud de cosas. Como labrador, de cantero, en la traída de agua... «Facía de todo», explica. Ahora tiene 75 años, tres hijos y vive junto a su mujer. Y ha hecho de su afición su terapia. Como puede, pero con mucho tino y paciencia, José fabrica cestos y arados. Con sus propias manos, para mantener la habilidad y la destreza que la enfermedad se empeña en empeorar. «Non o aprendín con ninguén. Aquí non había moitos carpinteiros e empecei a facer cousas para min e para os meus veciños e familiares», explica mientras sus manos trabajan.
«Non tardo demasiado en facelos. Primeiro teño que ir a por a madeira e a por pequenos paus para facer as cousas», relata. Y aunque parezca extraño, tarda una mañana en hacer una cestita y no más de dos días en un arado. Y funcionan. Los arados. Están en fila y son alrededor de una decena. Una rúbrica sobresale. «Firmo todos os arados», comenta, antes de relatar que son muchas las personas que de vez en cuando se acercan hasta su casa atraídos por su trabajo. «Moitos veñen, pero poucos queren pagar», dice entre risas su mujer, Josefa.
«Os arados pequenos, aínda que non o pareza, son os que máis custan, porque están todos feitos con navalla», explica el carpintero aficionado.
«A el venlle moi ben, porque así olvídase do que ten e é unha maneira de que faga exercicio coas mans, e que lle sirve para a enfermidade», continúa la mujer. También sigue trabajando el campo y muestra orgulloso un premio que ganó hace algunos años por cultivar unas de las mejores patatas de la comarca. Y eso es mucho en A Limia.
Una de las mayores ilusiones de José es conseguir que, en un futuro próximo, la gente pueda disfrutar de su trabajo. ¿Quizás un museo? «Ou calquera outro lugar», imagina el ourensano, dispuesto a que el talento de sus manos no quede en el olvido ni confinado a las paredes de la casa en la que él nació (también su hermana y su padre) y en la que continúa viviendo, entre cestos y arados. Y entre ilusiones a los 75 años.
«Non había carpinteiros e empecei a facer cousas para min»