Agradecidos de por vida

Dos trasplantados explican la importancia de la donación de órganos


A Coruña / La Voz

A Carlos Canedo un buen día hace ya casi diez años le detectaron algo extraño en una analítica cuando se disponía a donar sangre. Al practicarle las pruebas correspondientes, en una biopsia le detectaron una insuficiencia renal que derivó en un trasplante de riñón. «Yo en principio no me lo creía del todo, porque yo me encontraba bien, tal vez algo cansado físicamente después de trabajar, pero dentro de lo normal», explica Carlos, que el pasado martes participó en un encuentro organizado por la asociación Alcer en Culleredo para concienciar a las personas de la importancia de la donación de órganos. Después se sometió durante siete meses a diálisis, pero él ya estaba mentalizado de que ese tratamiento era «un punto de espera» hasta que llegaba el trasplante.

Dice que al principio fue un poco duro, «como todo lo desconocido». «Luego te vas informando del proceso, el equipo médico es muy bueno, el de enfermería también, y esto es muy importante para ir superándolo». Estuvo un año de baja, con una minusvalía de cerca del 80 %, pero a día de hoy puede decir con la boca grande que no tiene ninguna secuela. «Estoy agradecidísimo a todas personas que se involucran en la labor de concienciación, sobre todo, a las familias, como nadie estamos libres de que nos ocurran, y mi experiencia personal que me dice que no había ninguna patología ni nada hereditario, desde luego muy agradecido a todo el mundo que se suma a estas iniciativas», explica Canedo.

De las pocas donaciones que se pueden hacer en vida -y la que está más extendida- es la del trasplante de riñón. Sin embargo, donante y receptor no llegan a conocerse. El donante puede ser muy próximo o muy lejano. Gracias a la coordinación entre hospitales, el donante puede estar en A Coruña y el receptor en Santander, y siempre se destina a la persona más adecuada.

Carlos Canedo y Carlos Iglesias, dos trasplantados de riñón, tienen en común, además del nombre, el convencimiento de que la vida les ha regalado una segunda oportunidad. «Creo que he tenido mucha suerte en todo esto, y ahora no duermo tranquilo por la noche si no reparto un poco en todo esto», explica Carlos Iglesias, que está convencido de que parte del éxito se lo debe a la suerte. A los 25 años le detectaron una artritis, aunque más tarde le acabarían tratando de una insuficiencia renal. Tras un tiempo en diálisis, un buen día sonó el teléfono, «la llamada que tanto había soñado». «Eran las ocho de la mañana, estaba en casa y lo primero que pensé fue ??quién llamará a estas horas??. Era la coordinadora de trasplantes, que fuera para allí, ya que era posible receptor», señala Carlos.

La llamada esperada

En ese momento por su cabeza pasaron muchas cosas. La primera, las vacaciones. «En la cantidad de veces que iba a poder hacer planes y viajar sin estar pendiente de una llamada. Mi familia siempre estaba pendiente de mí, y de esta manera les daría libertad». Hace ya un año de esta llamada, y aunque continúa de baja, lleva una vida relativamente normal. No puede coger peso, tomar el sol, hacer esfuerzos, controlar la tensión, pero compensa. Dice que es otra forma de entender la vida. «La saboreo más. Como ahora estoy de baja le dedico todo el tiempo a la gente que está conmigo, y aunque no estoy trabajando no paro de hacer cosas».

Siempre intento aparentar la mayor naturalidad posible para alejar a su familia del dolor que pudiera estar sintiendo. «El problema era mío y no de ellos. Y me llevó a tomar una actitud positiva, que es lo que quise transmitirles». Tiene como objetivo convencer a la gente de que no es necesario morirse para hacerse donante de órganos. «La gente cree que si eres donante obligatoriamente mañana te tienes que morir para que te saquen los órganos», explica Carlos, que participó con Alcer en alguna actividad para convencer a la gente a pie de calle. Durante su intervención en el pazo de Villamelania, en Culleredo, lanzó un mensaje optimista y trató explicar que «cuando una persona fallece, puede arreglar muchas vidas. El ejemplo es el mío, que me arregló a mí y a otro señor de Pobra de Trives, que estamos encantados de la vida. Aún hablábamos hace poco de que esto de regalar vida a los demás no hay dinero que lo pague».

«El ejemplo de mi madre»

Después de pasar por estos trances que les ha puesto la vida, Carlos Canedo y Carlos Iglesias solo tienen palabras de agradecimiento, y para devolver «esta segunda oportunidad» no dudan en acudir cuando les reclaman para ayudar con su testimonio a concienciar a las personas sobre la importancia de la donación de órganos. «Es algo que deberíamos tomar como natural, pero aún quedan barreras. Yo tengo el mejor ejemplo en mi madre. Siempre le escuché que jamás donaría, que no iba con su forma de ser, y su cabeza. Y hoy, ella igual que yo, vemos la vida de otra manera. Y esa naturalidad es lo que hay que transmitir a la gente», sentenció Carlos.

«Al principio, cuando me lo detectaron no me lo creía porque yo me encontraba bien»

Carlos Canedo

«Ahora no duermo tranquilo si no reparto un poco de la suerte que he tenido»

Carlos Iglesias

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