Una ruta separada por un puente

ELVIRA COELLO VIGO / LA VOZ

FIRMAS

Arbo y Melgaço son dos villas fronterizas que ofrecen lo mejor de cada país al visitante

21 jul 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Arbo, en España, y Melgaço, en Portugal son dos municipios fronterizos que ofrecen mucho al visitante; gastronomía, historia y naturaleza, el paraíso perfecto para desaparecer del mundo.

Pocos rincones de Galicia ofrecen tanta variedad como Arbo, y es que las orillas del Miño son el enclave perfecto para realizar actividades, tanto de riesgo como las más sedentarias. A solo 45 minutos de Vigo, el visitante se adentra en la paz y el sosiego del campo. Arbo sorprende por sus laderas cubiertas de viñedos particulares, donde se elaboran los preciados vinos de las Rías Baixas.

Para empezar el plan que mejor que estirar las piernas y recorrer el sendero Da Moura. Comienza en la parroquia de San Xoán donde el agua del río es el único sonido que se puede escuchar. Bajo un puente románico, esta ruta transporta al caminante a otra época , y es que todavía se pueden observar las huellas de los carros que antiguamente circulaban por esas sendas.

El Deva se encuentra al final de su recorrido con el Miño que toma fuerza y forma rápidos. Para los aventureros hay distintas empresas que organizan actividades como el rafting, hidrospeed y kayak. La adrenalina está asegurada. «Son actividades pensadas para todo el mundo, ya que la dificultad se adapta dependiendo de los grupos», comenta Ricardo Aparicio, de la empresa Arrepions. Para los que no quieren mojarse, también organizan paseos en caballo y rápel.

Cuando el sol ya aprieta merece la pena darse un chapuzón en las playas fluviales que se encuentran a las orillas del Miño. Conviene llevarse un bocadillo y recorrer la Ruta das Pesqueiras. Un entorno envidiable donde la comida sabe mejor. Esta explanada tiene una zona de merendero, playa y coto de pesca. Tras reponer fuerzas merece la pena visitar las propias pesqueiras, construcciones utilizadas antiguamente para pescar lampreas.

Cuando el día ya va dando paso a la tarde una copa de Albariño desde una bodega de renombre es un plan sofisticado y muy apetecible. Curiosamente los americanos son unos aficionados de estos vino. «El 50% de nuestras exportaciones se destina a Estados Unidos», cuenta Rubén Simón ,de la bodega As Laxas.

Tras la cata de vinos que mejor que disfrutar del manjar de esta tierra. La lamprea se ofrece en esta época de forma seca y a modo de fiambre. Las casas rurales son una opción para alojarse donde se incluye en el precio una cena cien por cien casera.

Al otro lado del Miño

Empieza un nuevo día y si se están buscando emociones fuertes no hay nada igual que el puenting. La empresa Guías Malouco organiza esta actividad en el río Deva saltando desde 25 metros de altura. Una experiencia que no puede dejar indiferente a nadie. Si se cruza el puente internacional hay que acordarse de tener cuidado con el móvil, porque la otra orilla es Portugal. La villa vecina de Melgaço ofrece un plan más relajante. Esta localidad portuguesa esta coronada por una fortaleza del siglo XII, pero hay mucho más patrimonio que visitar.

El bacalao, plato típico de esta región portuguesa, se prepara de diversas formas en esta villa. Una opción perfecta para la hora de la comida.

Tras disfrutar de un café en una terraza de su centro histórico, el plan por excelencia es acercarse a su balneario. No hay mejor final que volver a casa rejuvenecidos. El balneario del hotel Monte Prado ofrece piscinas, masajes, tratamientos termales y de belleza en unas instalaciones muy modernas. Si se prefiere algo más tradicional, las Termas de Melgaço, en medio del bosque, tiene las aguas de bicarbonato cálcico más ricas de Portugal.

Toca volver a casa pero este paraje está siempre abierto al viajero. No solo gallegos se acercan a esta zona, por las calles los suizos y franceses.

El plan del verano UN FIN DE SEMANA EN ARBO Y mELGAÇO