Testigos del espíritu del sábado noche

Bea Costa
bea costa VILAGARCÍA / LA VOZ

FIRMAS

15 jul 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

La discoteca Canelas (Sanxenxo) acaba de cerrar sus puertas y con ella se va una de las referencias de la noche en la comarca de O Salnés. Es una nueva baja en un sector que en la última década ha ido a menos. De aquellas primeras discotecas que, en mayor o menor medida han marcado la juventud de los arousanos, quedan pocos testigos: Yuma, en A Illa de Arousa; Zao, en Cambados, y Maty y Chanteclair en Pontecesures. Es la primera la que acumula más solera pues no ha parado de sonar desde que abrió sus puertas, en las Navidades de 1974. Con altibajos, eso sí, porque los tiempos de abrir todos los días quedan lejos. Ahora solo enciende las luces los fines de semana y algún día excepcional, como el lunes de Carnaval, cuando sigue llenando, aunque los propietarios José Crespo y su mujer se están pensando lo de recuperar aquella sesión vermú de los domingos al mediodía que tanto éxito cosechó.

Yuma resiste, pero ha tenido que hacer concesiones. Además de las oportunas reformas para ponerse al día -los sillones y las mesas, como ocurrió en otras discotecas, fueron desapareciendo en favor de los espacios diáfanos- tuvo que renunciar a cobrar entrada.

Por taquilla

El fenómeno de los pubs y otros locales de copas, en los que la entrada es libre, supuso una fuerte competencia. Con todo, alguna todavía mantiene el viejo formato. Para entrar en Zao sigue siendo necesario pasar por taquilla -despacha hasta cuatro tipos de entradas- «porque para mí es un objetivo muy claro, es una manera de revalorizar el local», según explica su dueño, Moncho Daporta.

Esta sala cambadesa abrió en enero de 1984 y tomó el relevo a la todopoderosa Beylu, que a partir de su última reforma, en esas fechas, ya no levantó cabeza. El local de Corbillón fue parada obligada durante los años ochenta para los discotequeros de toda la comarca, dentro del amplio abanico que le ofrecía la noche.

La mítica Totem además de Salem y Musgo en Vilagarcía; la sala Arosa en Dena; Don Quijote y Charlot en Sanxenxo; Scorpio y Number 1 en O Grove y Espacio Azul en Barrantes. Mención aparte merece el fenómeno de Pontecesures que, aunque sus dos discotecas son anteriores, fue en los noventa cuando su movida alcanzó una dimensión espectacular, teniendo en cuenta que se trata de un municipio de solo 3.000 habitantes.

Pero esto de la movida va por modas, y en Sanxenxo-Portonovo también lo saben. En la meca turística de las Rías Baixas todavía permanecen Zoo y Pirámide -ambas abren en verano- como referencia de épocas mejores. Kavila y Kao cogieron en los noventa el testigo de las discotecas clásicas en Vilagarcía y en la recta de Caleiro, donde otrora reinaba la sala de fiestas Hermida 5.000, abrió una discoteca que pasó por varias fases. Hablamos de Mermelada, o Formas, o Más, pues el local fue rebautizado en varias ocasiones.

Finales de lo ochenta y principios de los noventa fueron años fecundos para el negocio y esto dio lugar a que abrieran muchas discos, a lo grande y con mucha fuerza, pero que pronto se desinflaron. Es el caso de Nirvana, en Cambados, que tuvo poco recorrido. Pero siempre hubo reemplazo y otros locales abrieron para ocupar este vacío. «Son negocios complicados», señala Antonio Padín, Tucho, ex propietario de Scorpio. «Cando andaba de navegante andaba polo mundo e gustábame a noite, e pensaba na idea de montar unha discoteca no Grove».

Un sueño hecho realidad

Su sueño lo hizo realidad en 1972, abriendo Faro en la calle Castelao, y lo redondeó dos años después con Scorpio, que mantuvo abierta hasta el 2003. «Por aquí pasou moitísima xente e quedan moitos recordos», señala. En aquellos primeros años todavía se contrataban actuaciones en directo, el San Francisco era el refresco estrella en la barra y la disco era el mejor sitio para ligar. La moda de Fiebre del Sábado Noche todavía tenía mucho tirón aunque esos tiempos pasaron y la juventud de entonces, también.