Una riqueza llena de un sinfín de rincones secretos para descubrir
15 jul 2012 . Actualizado a las 07:00 h.A falta de Top Ten de Turgalicia y pese a que en el elaborado por la Xunta no figura ninguno de las maravillas de la zona. Deza y Tabeirós guardan un sinfín de lugares de interés, de espacios secretos, muchos de ellos desconocidos donde disfrutar de esta Terra do Medio.
Son lugares cargados de historia como el Pazo de Oca, en A Estrada y sus bellos jardines. El Versalles gallego que sigue atrayendo las miradas. Mercados centenarios que nos transportan en el tiempo a la esencia de las ferias de Galicia y que aún se respira cada día en Os Pendellos.
Rincones donde la naturaleza se convierte en arte vivo y salvaje como el agua que alimenta la Fervenza do Toxa, en Silleda. Lugares mágicos como la Portalén, en el monte Seixo en Cerdedo, una puerta al mundo de los muertos que solo se abre en noviembre.
Enclaves únicos donde fluye el Ulla, una cuenca plagada de belleza en la que cada primavera reina el salmón. Bosques encantados como la Fraga de Catasós, en Lalín, donde los castaños conquistan el cielo con sus ramas centenarias.
Lugares que beben del arte y el poso de siglos de historia como el mosteiro de Carboeiro en Silleda o el monasterio de Aciveiro en Forcarei. Historia como la que atesora Ponte Taboada que acaba de cumplir años, mil cien años, ahí es nada. Más de un milenio viendo pasar a los peregrinos del Camino de Santiago que siguen cruzando por las mismas piedras. Un top ten en el que se incluye un amplio y rico patrimonio castreño, aún pendiente de poner en valor y oculto a las miradas de muchos.
Pero los números se quedan escasos, que son diez para las maravillas que uno puede descubrir en estas tierras. Los dedos de las manos no bastan para enumerar la riqueza natural y patrimonial de esta parte de la provincia de Pontevedra.
Más de una visita merecen otros muchos lugares. El patrimonio minero de las minas de Fontao, en Vila de Cruces, donde laten aún las huellas del wólfram. Atalayas privilegiadas como la cima del monte Faro desde donde la vista abarca, dicen, territorios de las cuatro provincias los días claros y donde las águilas recuperan su territorio. Espacios naturales como el Candán, lugares protegidos como el Sobreiral do Arnego, en Agolada.
Una riqueza a la que se añaden un sinfín de iglesias y pazos singulares, algunos como el Pazo de Liñares en proceso de convertirse en museo. Templos que guardan joyas y pinturas que la falta de fondos deja caer poco a poco en el abandono, en algunos casos.
Una tierra de senderos por caminos encantados, la Senda do Deza, rutas que en cada concello forman un amplio abanico de ofertas que permiten al viajero descubrir el territorio.
Eso sin olvidar la Ruta da Prata o el Camiño de Inverno que cruzan la zona y llevan a cientos de peregrinos hacia Santiago de Compostela.
Una lista interminable que se alimenta de fragas llenas de encanto, de rincones donde el tiempo se detiene sin olvidar la riqueza arqueológica que guarda el suelo, la que guardan los museos, una gastronomía de lujo y el enorme tesoro inmaterial musical que concentra la zona.