Senderismo y una copa de vino

ELVIRA COELLO VIGO / LA VOZ

FIRMAS

Los Muíños do Folón e do Picón son el secreto mejor guardado de los montes de O Rosal

14 jul 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Parece que este verano la playa se está disfrutando poco, pero siempre hay otras opciones para pasar un buen día. Este fin de semana se celebra la fiesta del vino de O Rosal, es la ocasión perfecta para pasarse por esta localidad del Baixo Miño. Pero no todo es vino en O Rosal, este municipio ofrece mucho más al visitante.

Desde Vigo el recorrido es de 51 kilómetros cogiendo la AP-9 o la carretera de la costa C550 dirección A Guarda. La carretera de la costa es una buena opción para disfrutar del Atlántico y de municipios como Baiona y Oia. O Rosal cuenta además con un tramo del camino de Santiago que viene de Portugal.

En el medio del monte de Santa Mariña se encuentran los molinos de O Folón y de O Picón. 67 molinos hidráulicos de los siglos XVII y XVIII. Se trata de unas construcciones únicas en Europa por su disposición en pendiente aprovechando el margen del río. En 1998 fueron declarados Bien de Interés Cultural y se adaptó una senda para los visitantes. Para los amantes del senderismo se recomienda hacer la ruta completa que tiene una duración aproximada de dos horas. El recorrido es de dificultad media, es decir, cuenta con algunas zonas en cuesta y varias pendientes por lo que se recomienda llevar un calzado adecuado. Si no se dispone de tanto tiempo o simplemente no se quiere andar tanto, la ruta ofrece caminos más cortos en los que también se puede apreciar los molinos.

A la entrada del monte, cerca de la carretera, el primer molino está habilitado los fines de semana como oficina turística. En este molino se enseña la conversión del maíz en harina utilizando los mismos mecanismos que en los siglos pasados. Desde allí se pueden realizar rutas guiadas por un precio de 3 euros, pero el recorrido se puede hacer individualmente sin problemas. Adentrarse en este monte es como retroceder en el tiempo. La calma inunda el lugar que solo se ve alterado por el agua que corre con fuerza para hacer funcionar los molinos. El agua del río es tan cristalina que hay que resistirse para no beber. Hay que hacer un pequeño esfuerzo para subir la pendiente, sobre todo cuando el sol aprieta. En cambio la bajada en la que se encuentran los de O Picón ,se hace de forma rápida. «Los molinos no pertenecieron a los monjes de Oia como se creía, fueron los aldeanos quienes los construyeron y gestionaron», explica Nuria Saco de la Oficina turística. Durante el camino también se puede apreciar las especies autóctonas de la zona y las magníficas vistas al estuario del Miño, todo un regalo para la vista.

Al terminar que mejor que disfrutar de un vino de O Rosal en alguna de las taperías del pueblo. Si todavía quedan fuerzas después de comer, el sendero de los pescadores es una ruta con encanto, perfecta para disfrutar de la puesta de sol. Es un recorrido natural de 7,2 km de longitud alrededor de las riberas del río Miño hasta la desembocadura del Tamuxe. La ruta es un preciado observatorio de aves y un importante estuario. Para los más pequeños, hay una etapa en el sendero que está habilitada con una zona de juegos infantiles y para bañarse en el río. El sendero termina en el molino de las Aceñas construido en el siglo XIX pero que durante los meses de verano solo abre los días de semana.

Esta villa también ofrece visitas a sus famosas bodegas. En verano los horarios se amplían y las opciones incluyen una cata de vinos. Las bodegas Terras Gaudas, Quinta Couselo, Santiago Ruiz, Lagar de Fornelos y O Aforado son algunas de las que se puede encontrar en la zona. Una alternativa diferente para estos días que parecen más propios de invierno que de verano.