En edades tempranas, no es extraño encontrar nadadores con diferentes rendimientos en distintas partes del día, o que van mejor en las series que en las finales, porque acusan la presión en estas últimas. Los deportistas adquieren costumbres, y en el caso de Bea Gómez la mayoría de las veces ha podido ir con más tranquilidad en las pruebas a primera hora que luego en las finales, cuando necesita apretar algo más.
Sin conocer su caso en profundidad, trabajar detalles como los ciclos de sueño, o ingerir cafeína y demás, son factores que ayudan. Aunque, en mi opinión, la diferencia de rendimiento se suele deber a un tema fundamentalmente psicológico, que nuestra nadadora olímpica no tendrá problemas para ir resolviendo con el tiempo, quizá ya en Londres. En momentos importantes, el cerebro pondrá en tensión al cuerpo, y ella misma se va a activar.