Celebra su centenario cosiendo sin gafas

FIRMAS

GUSTAVO RIVAS

Toma nueve pastillas por la mañana, un vasito de vino del Bierzo al mediodía y otro por la noche. «Medio vasito. Si no tengo vino no como», puntualiza Josefa Pombo Gómez, que no da puntada sin hilo. Nació el 12 de julio de 1912. Hace un siglo. Cuando asesinaron a Miguel Ángel Blanco tenía 85. Me cuenta que su marido perdió un brazo en la Guerra Civil y que a ella no le querían decir nada para que no se disgustase. Ayer por la tarde estuve en el apartamento del edificio Esvida de Matogrande, donde vive esta nueva centenaria. «Nací en Cacabelos, en León, y desde hace cinco años vivo en A Coruña, aunque antes ya estuve mucho tiempo aquí», recuerda. Tiene problemas de movilidad y precisa de un andador para desplazarse, pero de memoria y de vista está perfecta. «El médico me dijo que tengo el corazón de una niña», asegura. Necesita de audífono para escuchar, pero lee La Voz y cose sin gafas, y no dudó en hacer una demostración. Enhebró la aguja a la primera y se puso a dar puntadas en un descosido en el cuello de un jersey. En su mirada sin dioptrías hay un fondo de tristeza. Hace menos de un mes falleció de forma repentina la hija que la cuidaba, María Concepción Cela. «Fíjate, se murió ella y yo sigo aquí», reflexiona con pesar. Josefa se incorpora hoy a la lista de vecinos de A Coruña que pueden presumir de haber cumplido el siglo de vida. Posiblemente sea la única que lo celebre sin gafas.

Recuerdos de barrio

2 Casi todos los días paso por delante del bar O Lionardo y de los otros y entrañables bares de la calle de Fernández Latorre. Me encanta su ambiente. Hace unos meses destacaba en esta página lo que me habían contado unos habituales, su intención de revitalizar la zona. Ayer, como parte de este objetivo, se inauguró una exposición de fotos antiguas del barrio de Cuatro Caminos. De cuando Josefa Pombo era una niña. Gonzalo y Rosa, dueños del bar, y los vecinos María Xosé Bellón y Emilio Vega, fueron los encargados de recopilar las imágenes. «Aparecen retratadas as máis diversas actividades e situacións que conformaban a vida do barrio», comentan los promotores de la muestra inaugurada ayer, que fue presentada por Xurxo Souto. Ya lo saben, si quieren recordar viejos tiempos y, de paso, tomar un buen viño, tienen una cita en el mítico O Lionardo.

Clientela agradecida

3 Anteayer les iba a hablar del cierre de la cervecería Piolín, de la calle de la Florida, pero todo se quedó en el enunciado del tema. Lo curioso del asunto no es el cierre en sí, porque tampoco se trata de un local de los legendarios, ya que solo tiene 15 años, sino que los clientes se organizaron para dedicarle una placa al propietario. «Es muy gratificante que hayan tenido este detalle después de tantos años de servicio. Se acaba el contrato y tienen que arreglar la casa por orden del Ayuntamiento, por eso nos vamos. Estamos mirando para coger otro local por la zona, por la Pescadería», cuenta Joaquín Castro, el dueño del negocio que durante años nutrió de bocadillos a gente de todas las edades, especialmente jóvenes. Clientela agradecida.