A Cabana, A Malata, A Gándara y San Felipe, las zonas más afectadas
06 jul 2012 . Actualizado a las 10:03 h.Dispersos, en grupos pequeños o en solitario. Pero ayer por la mañana, de nuevo, los furtivos volvían a esquilmar los bancos de almeja de la ría a plena luz del día y con total impunidad, como se podía apreciar, por ejemplo, en las zonas de A Cabana o A Malata.
Tal y como publicó La Voz el 25 de junio, en aquel momento desde las cofradías se apuntaba ya a un importante incremento de la actividad de los ilegales en el interior de la ría. El fenómeno va a más cada jornada que pasa y una nueva oleada de furtivismo golpea otra vez la zona tradicionalmente más castigada por esta situación en Galicia, junto con la coruñesa ría de O Burgo.
El patrón mayor de la Cofradía de Pescadores de Ferrol, Rubén Ferrer, indicó que los puntos en los que más se está concentrando la actividad de los ilegales son A Cabana, A Malata, A Gándara, San Felipe y Caranza. Destacó que la esquilmación de los recursos está siendo «más grave que el año pasado a estas alturas» y señaló que, solo en las zonas citadas, en una jornada como la de ayer «se pueden reunir más de un centenar largo de personas que faenan sin poder hacerlo».
Reclamó una mayor colaboración por parte de la Consellería do Medio Rural e do Mar en labores de vigilancia. Al mismo tiempo, no ocultó que la profunda crisis que vive la zona también está influyendo de forma negativa. «Ahora ves en las mareas, por ejemplo, a algunos chavales que antes estaban trabajando para las auxiliares de Navantia y están en paro».
El mercado negro del marisco empieza en el furtivo, pasa por un circuito ilegal de comercialización y acaba en la mesa de los consumidores que, en muchos casos, están ingiriendo, sin saberlo, producto sacado por los ilegales. Supone un importante problema para la salud. Los bancos que se esquilman en la ría de Ferrol están declarados zonas C. En otras palabras, la almeja que se extrae de ellos tiene que pasar un proceso de depuración previo antes de poder venderse dada la elevada contaminación orgánica de las aguas. El producto que se introduce en el mercado negro no se somete a ese proceso y, por lo tanto, no es apto para el consumo. Al margen de eso, se trata de una actividad irregular que daña la economía de los mariscadores profesionales.
«Ahora ves en las mareas a algunos chavales que antes estaban trabajando para las auxiliares»
Rubén Ferrer