Isabel González Larriba trabaja en Santa Bárbara como agente de divisas en un banco y como asistente para un doctor de medicina china
30 jun 2012 . Actualizado a las 07:00 h.La diáspora nos lleva esta vez a Estados Unidos y más concretamente a Santa Bárbara, en el estado de California. Allí vive Isabel González Larriba.
Cruzó el charco hace casi tres años para tomarse un respiro. Es arquitecta de interiores y la crisis del ladrillo empezaba a dar las primeras patadas. «Aunque me gradué con premio extraordinario en la Universidade de A Coruña y tengo siete años de experiencia en diferentes campos de la profesión, el mercado laboral cada vez estaba más complicado y peor remunerado». Así que decidió embarcase en la aventura de perfeccionar el inglés e indagar las posibilidades en el mundo del diseño fuera de Europa.
Inicialmente, su idea era recorrer California tirando de mochila, «pero la preocupación de mi madre -mujer sola viajando por el mundo- me obligó a establecerme en Fresno, en casa de un amigo de la familia».
No era el rincón idílico californiano que buscaba y haciendo turismo cayó en Santa Barbara, que lo tenía todo. «Situada en el medio del mapa, a 4 horas de San Francisco y a 2 de Los Ángeles, arquitectura mediterránea, playa, montaña, clima suave y gente simpática. Me gustó tanto -añade- que volví una y otra vez, ya que para mi suerte la familia que me acogía tenía un hijo que vivía allí y podía alojarme en su casa».
Exploró la ciudad y sus posibilidades, buscó contactos, estudió inglés, dejó currículos... «Había encontrado el lugar perfecto, pero como todo lo bueno se acaba, mi visa también, tuve que volver a España», relata.
«La vuelta a la cruda realidad, la crisis inmobiliaria, y lo que es peor, regresar a Galicia en pleno diciembre, hicieron que no tirara la toalla». Mantuvo sus contactos allá, tocó en todas las puertas y unos meses después se fue de nuevo. «Esta vez para quedarme una temporada, ya que tras mucho marear a los americanos conseguí un trabajo que sería mi pasaporte para ?el sueño americano?».
Actualmente tiene dos trabajos. «Y aunque ninguno relacionado la arquitectura, ambos me proporcionan experiencia, remuneración y un trato respetuoso», señala. Trabaja como agente de divisas en un banco. «Sí, sí, aquí no hace falta estudiar económicas, basta con hacer un par de ?trainning? y listo». Y también como asistente para un doctor de medicina china, que compaginó antes con asistente de director de museo, clases de cocina española, aparcacoches y canguro.
Una buena oferta laboral a tiempo partido le permite compaginar los dos trabajos. «El tiempo aquí se aprovecha al máximo, en general se trabaja mucho y no hay cañita o café con los amigos, una de las cosas que echo de menos».
Isabel cuenta que Santa Bárbara tiene muchos restaurantes, bares y lugares de ocio, pero la vida social es diferente a la española y la gente tiene otro concepto de la amistad. «No salgo tanto con mis amigos como en España y cuando lo hago es solo un par de horas». Explica que la llamada «riviera americana» invita al deporte y a la vida sana. «El clima es propicio todo el año para el surf, yoga al aire libre y senderismo, y eso unido a hacer la compra en la farmer?s market, son las principales obsesiones de los locales, de las que también me confieso un poco friki».
Describe Santa Bárbara como una ciudad pequeña que tiene lo que una gran ciudad, espacios abiertos, zonas verdes, viñedos, playa, montana, universidad, teatros, cines, galerías, museos, un festival de cine...
El evento más importante del año se celebra en agosto, las fiestas Old Spanish Days, en la que se recuerda a los primeros españoles que se asentaron en la ciudad. «Todos se visten de flamencos y hasta bailan Noches de Ronda». Isabel se consuela. «Por lo menos tengo una festividad sustitutiva de la Peregrina que me recuerda a España».
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