Desde fuera del club, y con lo que están debiendo otras entidades de su misma categoría, resulta difícil creer que el próximo miércoles, 4 de julio, el Vilalonga pueda echar el cierre a 65 años de historia con una deuda real aparentemente asequible, unos 46.000 euros, y catorce directivos dispuestos a continuar si aparece quien los presida. Si lo difícilmente creíble se hace realidad, los mayores damnificados no serán ya los socios que no quisieron asumir la responsabilidad de un cargo arropado. Las verdaderas víctimas serán las decenas de futbolistas que componen la cantera celeste. Jóvenes deportistas que desde hace poco menos de dos semanas disponen de un referente al alcance de pocos equipos en la provincia. Un conjunto juvenil en la Liga Gallega.
Dirigidos por dos figuras de la historia deportiva del Vilalonga, Mario Rodríguez, capitán del primer equipo sanxenxino en los 80, y Fernando Otero, que ejerció la misma función en los 90, los 22 chavales que formaron la plantilla juvenil del Vilalonga supieron recuperar el ánimo y alcanzar la gloria del ascenso avasallando en su camino al Val Miñor, primero, con victorias por 3-0 y 2-3, y al Ponte Ourense en la ronda definitiva, con un 3-0 y un 0-4. En ambos casos, jugando el primer partido en casa. En O Revel y en el Novo San Pedro. Y aunque parezca lo contrario, «non foi un camiño doado», apunta Mario Rodríguez al recordar que «no primeiro cuarto de hora contra o Ponte Ourense estabamos asustados. Pensabamos que iamos levar unha chaquetiña».
Rodríguez, que ya había sido el estratega del primero de los tres ascensos del Vilalonga a la Liga Gallega Juvenil en su historia, en los 90 con jugadores como Rea, Otero o Jorge Seixo, habla maravillas de su última remesa de pupilos. «A tempada anterior Fernando e mais eu xa adestraramos o equipo xuvenil, xogamos a fase de ascenso, gañamos a primeira rolda, ao Rúa, e perdemos co Valadares. Esta tempada tiñamos un terzo de xuvenís de primeiro ano, outro de segundo e outro de último, mantendo practicamente a mesma base. É un grupo humilde, de boa xente, unido e que xoga ao fútbol de toque» en la línea del practicado por el conjunto de Tercera División. Añádasele trabajo e implicación, y ahí está el resultado.
Capacidad de superación
Prueba de la valía de este grupo de 22 obreros del balompié está en su capacidad para superar el profundo bache de resultados que a mitad de temporada les costó el liderato con el que habían arrancado el campeonato. Acabaron cuartos del Grupo 9 de la Liga Provincial, entrando así en la fase. Claro que el verdadero problema llega ahora.
«É moi complicado que os futbolitas dean o salto dunha Liga Provincial á Terceira, a non ser que sexan uns fenómenos». La alternativa, por la que aboga Mario, es «que se lles dean máis oportunidades aos canteiráns no Vilalonga. Hoxe só queda Saúl». Claro que para ello debe seguir existiendo el Vilalonga.