La marcha de Aicardo al Barcelona se venía masticando desde hace tiempo y supone el desenlace más lógico en un contexto en el que el Lobelle no podía mantener una de sus fichas más altas y el conjunto catalán no debía dejar pasar a uno de los jugadores con más proyección. Todo ha salido muy redondo y a satisfacción de todas las partes, en gran medida porque todas las partes han obrado con nobleza.
Aicardo, cuando renovó por el Lobelle, podía haber dado el salto a alguno de los grandes. Pero fue agradecido con el club en el que creció como jugador, y supo esperar para no frenar su progresión. Ahora le quedaba un año más de contrato, y al menos dos entidades le hicieron llegar el aviso de que lo cumpliese y que después, libre de ataduras, tendría un gran contrato en sus manos. El Barça, antes de hablar con el jugador se dirigió al club que tenía sus derechos. Y, al final, todos contentos. Salvo los piratas a los que se les esfumó el refuerzo Aicardo pensando en la campaña 13/14. El cierre andaluz, bautizado a su llegada a Santiago como El Pollito, se va por la puerta grande, agradecido y dejando un dinero en caja que ayudará mucho a las exhaustas arcas de este azaroso curso.