Los pequeños detalles de la vida

Las residencias de ancianos de la comarca intentan llenar de actividad y energía el tiempo de las cuatrocientas personas que en ellas residen


vilagarcía / la voz

Dicen que, si se escuchan bien, en las letras de muchas canciones, como en los versos de muchas poesías, se esconden las grandes verdades. Poniendo la oreja podemos oír a John Lennon cantar que «la vida es eso que te pasa mientras tú estas ocupado haciendo otros planes». Y no nos queda más remedio que reconocer en esa frase una de las lecciones que se aprenden con el tiempo. La vida está hecha de las pequeñas cosas. Por eso, en las residencias de ancianos de O Salnés parecen poner mucho esmero en dibujar a golpe de pequeñas pinceladas el día a día de sus residentes.

«La gente tiene la idea de que estos son lugares tristes, y no es cierto». Quien quiere desmontar el tópico sobre estos centros es Daniel Fiuzo, director de Geriatros, en Ribadumia. La vida no acaba cuando se ingresa en un geriátrico, «continúa. De otra forma, pero continúa». Como cada centro vive envuelto en sus propias circunstancias, cada uno ha tenido que buscar sus fórmulas para llenar de actividades el día a día. En el caso de Divina Pastora, la residencia de Vilagarcía, «estamos tan en el centro que es fácil hacer salidas», cuenta la directora, Celina Rey. Así que los ancianos pueden visitar exposiciones y hacer incursiones en el mercado. Cualquier cosa que sirva para «luchar con la rutina», que es el mejor aliado del aburrimiento y la tristeza.

Mercadillos a medida

En Geriatros no salen al mercado: el mercadillo llega hasta ellos cada jueves. Una mujer acude al centro e instala un puesto en el que vende un poco de todo: de calcetines a caramelos. «Les encanta, porque pueden hacer sus pequeñas compras». También les encanta parar en la cafetería que atienden Patri y Carmen, o acudir a arreglarse el pelo a la peluquería que funciona tres días a la semana.

En la residencia Valle Inclán también se ofrece servicio de peluquería y cafetería. Y también, como en Vilagarcía, Ribadumia y Cambados, se oficia misa y se celebran, sin olvidar una, todas las fiestas del calendario. Y no es solo que a los ancianos les guste ir de parranda, que también. «Les ayuda a ubicarse en el calendario».

Hay colectivos que comparten experiencias y tiempo con los ancianos. La protectora de Cambados lleva a sus animales para hacer terapia. Los niños de colegios y asociaciones, cantan y bailan. Y la Cruz Roja también aporta su granito de arena.

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