El ocaso de las noches del Orzán

Javier Becerra
Javier Becerra A CORUÑA / LA VOZ

FIRMAS

EDUARDO PEREZ

La clásica zona de marcha coruñesa vive sus horas más bajas de los últimos 20 años

18 may 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Que el ambiente nocturno lo mueven las modas es una frase tan hecha como real. Pero en A Coruña existía una zona que resistía, década tras década, las embestidas de las sucesivas tendencias y vaivenes de la noche. Se trata del Orzán. Por sus pubs han salido varias generaciones de coruñeses. Sin embargo, hace un lustro se empezaron a detectar síntomas de un agotamiento que derivó en la situación actual: poco público, muchos locales cerrados y un futuro sobre el que cuelga el cartel de la incertidumbre

Los hosteleros han identificado a los enemigos. La crisis económica y la competencia de las nuevas zonas de marcha son algunas de ellas. Pero si se trata de centrarse en uno, está claro: el botellón y la permisividad que la Administración tiene con él han herido de muerte al gremio. El ejemplo lo pone Gonzalo Legazpi, del pub Magazine: «Los chavales llegan de hacer botellón a las tres o tres y media. Muchos lo hacen ya totalmente borrachos, y los que antes se tomaban dos o tres copas, ahora se toman una. Todo ello, si no se quedan bebiendo en la misma calle delante de ti».

El problema, según los hosteleros, se ha agravado en los últimos tiempos con el bum de los locales de Los Cantones Village. Establecimientos como el Dux o el Amura atraen a un público adulto que nada tiene que ver con el botellón. Frente a ello, el Orzán se ha quedado casi en exclusiva para la franja de 17 a 25 años. Es decir, los que llenan Méndez Núñez pasada la medianoche. «Gente de más edad es muy difícil encontrarla», explica Legazpi, que considera totalmente contradictoria la situación actual: «Los chavales menores de edad beben alcohol delante de tu local, en las narices de la policía, y no pasa nada. Pero si tú le vendes una cerveza a un chaval te caen 3.000 euros de multa o te precintan el local. No tiene sentido».

El panorama resulta desolador. Los jueves y los viernes se trabaja poco. De hecho, hay locales que prefieren no abrir esos días. Y otros que han bajado la persiana para siempre, como el Agua, el Cotobelos, el Handicap Cero o el Cara B. «El único día que merece la pena abrir es el sábado», asegura Gonzalo. La excusa de los precios no sirve: «Tenemos las copas a 4,50 euros, y a primera hora las ponemos a 3,50».

Aún los hay más económicos. Copas a 2,80, bonos de tres por 10 euros o chupitos a 1 euro son parte de las ofertas que se pueden encontrar por Juan Canalejo y sus calles adyacentes. Junto a los letreros de «Se traspasa» y el eco de las calles vacías, resumen una situación impensable en los días en los que riadas de personas invadían la zona.

Renovación y oportunidades

«El Orzán vive sus horas más bajas en los últimos 20 años», sentencia Marcial Agra. Acaba de abrir el Rococó. Para él, además de los males que apuntan sus compañeros, que en mayor o menor medida los suscribe, hay otro: el inmovilismo de muchos hosteleros: «Mucha gente no se preocupó en hacer nada con su local porque no le hizo falta. Y ahora aparecen sitios que ofrecen cosas nuevas y sucede eso. Con los cierres está abriendo gente nueva con otras ideas y yo creo que es bueno que se renueve todo un poco», considera este hostelero.

Agra se explica: «Yo me refiero al típico local del Orzan, que lleva 20 años allí y que ha sido mucho. Te cobra 6 euros por la copa más barata y no te ofrecen nada. Lleva sin tocarse desde hace 15 años, sin hacer una reforma, sin cambiar una bombilla, como quien dice. Y te vas a un sitio que te van a cobrar lo mismo y te ofrecen pantallas de leds, proyectores, robots, buenos pinchas... Yo entiendo que el público cambie, porque hay mucha gente que se durmió en los laureles».

Otra que se acaba de sumar a la noche como empresaria es Silvia Pardo. Junto a César Ortiz regenta The Ultimate Sin, un local que rompe con la tónica orzanera. Su nombre es el de un disco de Ozzy Osbourne y, lógicamente, se orienta hacia el heavy y el hard-rock. «Levábamos anos coa pretensión de montar un local de metal como os que hai en Madrid, pero o que pasaba é que os prezos eran privativos. Agora baixaron os traspasos e puidemos facelo», explica Silvia.

«Nos últimos anos moita xente deixou o Orzan porque se descoidou a música e non había moita seguridade -explica-. Nós queríamos darlle unha volta a iso e ofrecer algo máis especializado. Pretendemos que a xente volva ao Orzán, que escoite aquí de novo boa música e e non só cousas de moda».