El templo enxebre del cacahuete

FIRMAS

En un alpendre recóndito del lugar de Mondoi fuerza sus engranajes el viejo tostadero de maní, un amasijo de leña con acero que abastece Betanzos desde hace 55 años

16 may 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

La caldera de leña reclama mimos constantes, porque 55 años de trabajo han resquebrajado su estructura de acero y desprendido el ladrillo refractario del interior. El fuego se traga la esfera hueca en la que se tuestan los cacahuetes, mientras un motor eléctrico profiere sus estertores antes de hacer girar la bola.

«Que eu saiba, en Galicia non hai outro tostadeiro que faga cacahuetes artesáns, aínda que tampouco o podo asegurar». José Vázquez Bonome es el orgulloso propietario del artilugio con el que asa «mil trescentos quilos de maníes ó ano». Utiliza la «variedade Brasil», que por caprichos de la especie no viene solo de Brasil. «Tamén pode ser de California ou de China».

De China son los que nos decidimos a probar en el templo enxebre del cacahuete artesano. Dentro de la esfera, cuatro kilos y medio de vainas todavía verdes. Ni un gramo más, «que a bola non pode».

La medida exacta la da una vieja lata de pimentón picante, complemento esencial en el proceso de producción. Manuel Lendoiro, el hombre de Bonome en Mondoi, la atiborra de cacahuetes. Después desempolva una vieja báscula de hierro, cuelga en ella la lata y proclama orgulloso: «Cinco quilos menos cuarto. ¡Perfecto, todo listo!».

La caldera engulle la bola con las vainas dentro, mientras el motor, con loable entrega y unos cuantos ñic-ñic, consigue que la esfera con las vainas gire una vez más. Por delante, 45 minutos de poderío abraiante de acero fundido, «lume de eucalipto» y espera paciente. «Si, eucalipto -precisa Lendoiro-, porque ten un fume limpo que non ensucia as cascas».

El resultado, ¡tremendo! Por sabor y por aroma. «É unha variedade marabillosa, non moi grande, de dous a catro grans por vaina, pero saborosos», ilustra el propietario.

La conexión Shanghái-Mondoi tiene un tercer vértice: Betanzos. Vázquez Bonome regenta allí un supermercado en el que da salida a su producción, que repleta «as adegas de viño do país», especialmente en las fiestas del barrio de A Magdalena, que se celebran el Lunes de Pascua. Bueno, algún Erasmus despistado se los lleva también a Italia.

«Antes había máis xente que os tostaba e máis máquinas, incluso manuais. Quedo eu». Bonome tomó el testigo del artilugio asador hace 20 años. Se lo cedió el propietario original, Agustín Buyo, pero tras la fría transacción había una verdad poderosa: «Íamos xuntos ao fútbol e iso une moito», confirma.

Bonome asumió el legado manisero por puro cariño «e por manter a tradición, porque o tostadeiro non é moi rendible». Su destino parece «o Museo das Mariñas», porque el cachivache ya no está para demasiados trotes. «Pouco tempo queda para proxectos, non vale a pena. Que os fagan os que veñan detrás», sentencia con la misma contundencia con que la máquina opulenta, relajada tras su generoso esfuerzo, entrega sobre la rueda delantera cuatro kilos y medio de suculenta larpeirada.

EN Mondoi (Oza dos Ríos)