El inminente punto y final para un portaviones mítico

Andrés Vellón Graña
Andrés Vellón FERROL / LA VOZ

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El buque y su relevo llevan las señas de identidad de los astilleros de la ría

13 may 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

El hecho de que Defensa vaya a adelantar la baja definitiva del portaviones Príncipe de Asturias -algo que sucederá dentro de un año, tal y como ya publicó el jueves La Voz- supone un inminente punto y final para un buque emblemático que supuso la incorporación de la Armada española a la vanguardia de las Marinas de todo el mundo.

Su casco, sus hangares, sus pasillos interiores... Todo ello lleva el inconfundible sello de los astilleros ferrolanos donde fue fabricado. El mismo lugar donde se ejecutó la mastodóntica obra para que viese la luz su sucesor, el megabuque Juan Carlos I.

Presente y futuro de la Armada se encontraron en el mar un 26 de mayo del 2010. Como si de un presagio se tratase, coincidieron a diez millas del litoral ferrolano. El portaviones salía de A Coruña y el megabuque estrenaba sus pruebas de mar. El Príncipe de Asturias ya hizo lo propio en 1989 con el también emblemático Dédalo.

Justo cuando los astilleros locales encaran una caída de ocupación histórica, dos de sus grandes hitos cobran actualidad y recuerdan los frutos de la suma de la capacidad, el conocimiento y la tecnología en Navantia.

El Príncipe de Asturias -que inicialmente iba a ser bautizado como Almirante Carrero Blanco, opción que se descartó luego- fue botado el 22 de mayo de 1982 entre importantísimas medidas de seguridad en Bazán. Fue asignado a la Armada en 1988. Su diseño se basó en la de un buque norteamericano, pero este no se ajustaba a las necesidades de la Marina y en Ferrol se perfeccionó.

En febrero del 2008 estuvo amarrado en la urbe. El objetivo era doble. Por un lado, el adiestramiento de su dotación. Por otro, que los ciudadanos pudiesen visitarlo. Y lo hicieron, por miles. Como cada vez que ha hecho lo propio en cualquier puerto de España. Quizá ya no vuelva a haber oportunidad de poder ver su estampa en la ciudad en la que nació.