Geribranda y Dostoievski, una pareja de ratones, abandonan el instituto de A Sardiñeira tras ser observados durante dos meses por los alumnos
25 abr 2012 . Actualizado a las 07:00 h.La familia ratonil abandona las aulas. Geribranda y Dostoievski dejan hoy el instituto de A Sardiñeira de A Coruña después de dos meses en los que han sido observados por los alumnos. Lo harán al igual que las ocho crías que la pareja ha tenido durante su estancia colegial. Y lo mismo ocurrirá en los otros 15 centros educativos de Galicia -en otros cinco la experiencia continuará hasta el 4 de mayo porque las ratonas tardaron en quedarse preñadas- que este año han participado, de forma pionera, en la experiencia A historia nunca contada de Mendel que, promovida por la Fundación Barrié, ha permitido a novecientos estudiantes aprender las leyes de Mendel de transmisión hereditaria a través de una actividad práctica.
«Es una forma divertida de aprender, porque te quedan mucho mejor los conceptos haciendo las cosas en la práctica que viéndolas en un libro», explica Sveça, una de las alumnas que han intervenido en la iniciativa. Los chicos han cuidado a los ratones, les han dado de comer, les han limpiado la jaula, los han pesado y se han fijado en características como el color del pelo y los ojos para comprobar si se transmitían de padres a hijos. «No se parecían en nada», señala Carlota, otra de las estudiantes. Luego han descubierto por qué. «Es más divertido y práctico que lo que ves en los libros», indica su compañera Sandra. Y Alba, otra de las aprendices de científica, asiente: «Nos gusta experimentar porque es una forma más divertida de aprender».
Vocaciones científicas
Pero con los ratones en las aulas los alumnos no solo adquieren nuevos conocimientos, sino que también aprenden valores. «Se hacen más responsables, porque cuidan a los animales como algo propio», subraya el profesor de biología Carlos de Paz, coordinador de la actividad, quien reconoce además que «introduciendo el método científico llegan a las mismas conclusiones que Mendel».
Los jóvenes del instituto son estudiantes de ciencias y, a juzgar por su entusiasmo, parecían ya predispuestos a una actividad que también tiene entre sus objetivos fomentar las vocaciones científicas. «En el entorno científico gallego hay posibilidades de desarrollo profesional en el futuro», les dice, con cierto optimismo, el director de la Fundación Barrié, Javier López, quien estima que «quizás en el futuro salga de aquí algún Ángel Carracedo». «Queremos -añade- crear el entorno para despertar vocaciones científicas». Una de las aspirantes puede ser Sandra, aunque más que por la genética se decanta por la veterinaria. «Yo lo tengo muy claro -apunta-, quiero ser veterinaria y esta experiencia me vino perfecta». La actividad ha sido pionera, aunque no supondrá un punto y aparte. Este curso se ha acabado, pero el próximo año habrá más ratones en más colegios e institutos de Galicia. Mendel espera sucesor.