Una pareja halla el amor en la capilla de la Casa de Carmen

Xosé Ramón Penoucos Blanco
X. R. Penoucos SARRIA / LA VOZ

FIRMAS

Raúl y Belén se conocieron en Barbadelo y se casaron años después

19 abr 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

A Casa de Carmen, en Barbadelo, es mucho más que un albergue en el camino, es un lugar de referencia para los peregrinos de verdad y un sitio en el que se produjeron multitud de sucesos relevantes a nivel humano.

Uno de los casos más curiosos que recuerda su propietario, Pedro Quintana, es el de una pareja, Raúl y Belén que en agosto del 2006 hicieron el camino y no encontraban un lugar para dormir. «Estaba todo a tope y él estaba lesionado, por lo que les ofrecí la opción de dormir en la capilla de San Silvestre. Así lo hicieron junto a otras cuatro personas que habían conocido en la ruta».

Al día siguiente dieron las gracias a Pedro y a su mujer, Carmen, y continuaron su ruta. No volvieron a saber nada más de ellos hasta que cuatro años después recibieron una llamada de una pareja para reservar habitación. «Cuando llegaron nos pidieron si podían dormir en la capilla y accedimos sin problema, pero nos llevamos una gran sorpresa cuando nos dijeron que empezaban su luna de miel en Barbadelo y que querían hacerlo en la capilla en la que se habían enamorado una noche de verano en la que comenzaban el camino», explicó Pedro Quintana.

Luna de miel

Los recién casados pasaron su luna de miel en la capilla como continuación a una boda que organizaron siguiendo el rito medieval y cumplieron de esta manera un sueño que manifestaron que para ellos era muy especial.

«La capilla siempre está abierta en nuestra casa y la cedemos a la gente que consideramos peregrinos de verdad y que necesitan un lugar donde dormir siguiendo el espíritu que creemos que debe de mantenerse en el camino», manifestó Pedro Quintana.

El respeto que este matrimonio sarriano mantiene por los peregrinos llega al extremo de que en el último año xacobeo montaron una tienda de campaña de doce plazas en las inmediaciones de su casa para que la usaran los que no encontraban donde dormir gratis.

Pedro y Carmen mantienen especialmente en su recuerdo el caso de una peregrina brasileña, Isabel, que llegó a su casa con tendinitis y tras reposar un par de días se quedó veinte más con la única petición a sus anfitriones de que la dejaran trabajar. Era una persona de una familia de elevado potencial económico, impulsora de una fundación de ayuda a la infancia y que quería sentir realmente lo que suponía hacer las cosas con sus propias manos, por lo que durante tres semanas no cesó de fregar, limpiar y pelar patatas.

Isabel regresó a Brasil y pocos años después les informaron de que había fallecido tras no soportar una grave enfermedad. Su madre y varios amigos suyos visitaron posteriormente A Casa de Carmen para conocer el lugar en el que su hija había sido tan feliz.