El futuro tiene tamaño estándar

Rosa Estévez
rosa estévez VILAGARCÍA / LA VOZ

FIRMAS

A Illa usó solo un día las máquinas clasificadoras de bivalvos. Han aplazado su implantación por los malos precios obtenidos en la subasta

14 abr 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Aunque dice el refranero que en la variedad está el gusto, cuando se habla de negocios, a los compradores no suelen gustarles las sorpresas. Por eso, los depuradores que habitualmente adquieren bivalvos en las lonjas arousanas echan de menos que el producto por el que deben pujar no haya sido clasificado siguiendo un estricto canon de tamaño. Comprar un lote de almeja supone, en la mayoría de los puertos, «revolver en las cajas» para cerciorarse de que las almejas del fondo son igual de hermosas que las que dan la cara por arriba. «Sería mucho más fácil, más rápido y más limpio si en todos lados trabajasen con máquinas clasificadoras», argumenta un depurador.

Pero introducir en las lonjas a estos nuevos inquilinos mecánicos no es fácil. La cofradía de A Illa, acogiéndose a una línea de subvenciones de la Xunta, adquirió unas máquinas clasificadoras que esta semana, y previo acuerdo asambleario, funcionaron por primera vez. Y, de momento, también por última. El uso del nuevo sistema no llevó aparejado un incremento de los precios, «máis ben foi unha debacle», decía ayer el patrón mayor, Ángel Iglesias. Y eso generó malestar, protestas y alguna que otra escena desagradable. «Así que decidimos volver ao de antes», dice el responsable del pósito. Pero enseguida matiza que este retorno al pasado es temporal. «Volveremos intentalo noutro momento, cando a situación sexa algo mellor», argumenta. Y es que, a su juicio, «non escollemos ben o momento. Os cambios sempre costan, e tal e como están as cousas, aínda costan máis».

Que la introducción de las clasificadoras iba a ser un proceso lento y complicado ya se lo había advertido a Ángel Iglesias el patrón mayor de Cambados. Benito González sabe de lo que habla: la lonja de Tragove lleva tiempo funcionando con máquinas clasificadoras que separan los lotes de marisco en tres tamaños y que, dicen quienes se encargan de la subasta, «facilitan todo o proceso moitísimo». Los compradores dan fe de ello, y ponen como ejemplo de eficacia la lonja de Noia y la rapidez con la que se ejecutan las ventas en este punto, frente a la pesadez de las subastas en la mayoría de las lonjas arousanas.

Y es que las clasificadoras se usan más bien poco en la zona sur de Arousa. En Vilanova se emplean para ordenar los bivalvos capturados por el sector de a flote. En la lonja de Carril, en una esquina, también están dispuestas las máquinas, pero su uso no está generalizado y en la propia lonja dan por hecho que en las épocas de mayor volumen de trabajo será imposible utilizarlas porque se colapsaría el servicio. En O Grove parecen dispuestos a volver a apostar por las clasificadoras: lo hicieron años atrás, cuando la maquinaria aún no había sido perfeccionada, y el resultado fue que «se escachaba o marisco e valía menos que o que se seleccionaba a man», así que se acabó abandonando la práctica.

En A Illa, Ángel Iglesias está convencido de que el uso de las clasificadoras «é o futuro». «Traen beneficios para todo o mundo», explica. Para el comprador que sabrá perfectamente le marisco que se está llevando, pero también para el mariscador. Entre otras cosas, porque la criba mecánica no dejaría espacio para picarescas y «ninguén pasaría o traballo de apañar ameixa pequena». Así que, como el futuro es implacable, Iglesias está seguro de que las clasificadoras acabarán encontrando su sitio en A Illa.

los retos de la comercialización

En Cambados están encantados con las máquinas que ordenan el marisco por talla