Cuidar un tesoro español en NY

maría conde PONTEVEDRA / LA VOZ

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Hèléne Fontoira es restauradora en el museo The Hispanic Society

14 abr 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Hèléne Fontoira siempre ha pensado que el hecho de haberse marchado a vivir al extranjero estaba de algún modo escrito en su vida. Su abuela paterna era argentina, de origen italiano, y su madre francesa, y en diferentes épocas «ambas decidieron dejar su tierra y luchar en otro país por lo que querían». «Lo que significa que estas dos mujeres tan importantes en mi vida marcaron profundamente mi destino, así que no me costó aceptar esta decisiva transición», comenta.

Ese cambio le llegó a esta restauradora pontevedresa en 1998, cuando se trasladó a Estados Unidos, ya casada con un gallego afincado en Nueva York. Los primeros años, dice, los dedicó al cuidado de sus gemelas, «que como trabajo no era poco», y a aprender inglés, «tarea complicada en una ciudad con tantos habitantes de habla hispana». «Como lo constatan muchos turistas españoles, uno se puede pasar el día entero por las calles de la ciudad sin necesidad de hacer uso de la lengua sajona», señala. Se instaló con su familia en el barrio de Chelsea, en Manhattan.

Con una profesión como la suya, vinculada a la creación, disfrutó desde el primer momento de este barrio, «conocido por su ambiente bohemio y artístico». «Es ahora uno de los distritos más importantes en galerías de arte contemporáneo», comenta. Y la primera vez que fue a la tienda de la esquina de su casa (un deli, una especie de ultramarinos), le sorprendió que el dueño era un gallego de Chantada. «Eso me hizo sentir como en casa, porque cada vez que acudía a su establecimiento, él me recibía con una buena parrafada en gallego», cuenta.

La primera vez que visitó la ciudad como turista, su hoy marido le llevó de visita a un museo del alto Manhattan, The Hispanic Society of America. Ese día quedó fascinada por la colección de arte y literatura española que alberga, la más importante fuera de los países de habla hispana y que abarca desde el Paleolítico hasta el siglo XX. «Cuando decidí reincorporarme a la vida laboral, fue el primer lugar al que me dirigí -recuerda-. Los comienzos no fueron fáciles, pero como buena gallega, con mucho esfuerzo, buen trabajo y honradez, conseguí mi objetivo, que era establecerme como restauradora en este museo». Comenzó en el 2002 y destaca que además de su labor profesional, se siente ligada a la institución de una forma «especial y totalmente sentimental». «Aquí tengo mi trocito de España y todos los días cuido y preservo este tesoro español en Nueva York, aquí está también mi casa». Entre las grandes colecciones de pintura de El Greco, Velázquez, Murillo, Goya o Sorolla o los más de 250 incunables está también, precisamente, una colección de estatuillas de azabaches gallegos.

Recientemente, se ha mudado al taller de otra joya museística neoyorquina, el Metropolitan Museum of Art. Gracias a una colaboración entre ambas instituciones, está trabajando en esta prestigiosa sede en la restauración de una obra del pintor barroco español Juan de Valdés Leal (1622-1690), perteneciente a la Hispanic. «Esta colaboración me está dando la posibilidad de adquirir un conocimiento en técnicas y métodos que podré llevar a la práctica una vez de vuelta en mi institución. Es una oportunidad única trabajar con un equipo tan profesional y estoy orgullosa de haber sido elegida».

La oferta de ocio Nueva York es infinita, «pero la vida en general es cara». «Puedes ir a un show de Broadway, un concierto en el Carnegie Hall, o la ópera en el Lincoln Center, pero necesitas unos buenos ingresos si quieres disfrutar de todas las ventajas que la ciudad ofrece».

Dejó Chelsea hace tres años y ahora reside a las afueras, en el condado de Westchester. «Nos costó trabajo abandonar la ciudad, pero no nos arrepentimos. Aquí se puede disfrutar mucho más de la naturaleza maravillosa de este país. El día a día es mucho más tranquilo y hay un sentimiento de comunidad más estrecho que en la Gran Manzana». Sobre su regreso, hay respuesta a la gallega: «Por el momento vivo en los Estados Unidos, en el futuro ya se verá». «¡Cuántos gallegos estamos en la diáspora! -concluye-. Pienso que tenemos una facilidad congénita para adaptarnos y, sobre todo, para comprender a los demás».