Hace años que el trasplante de corazón ha dejado de ser ciencia ficción para pasar a ser una opción para varios miles de pacientes al año. Pero el número de donantes es siempre inferior al de candidatos a recibir, además de que hay ciertas consideraciones que hacen que algunas personas no sean candidatas a un trasplante, por lo que desde hace tiempo se trabaja en el desarrollo de un corazón artificial. Esos corazones artificiales pueden ser temporales, mientras se espera un trasplante, o definitivos.
Dejando aparte las complicaciones médicas que aún presentan, uno de sus principales inconvenientes desde el punto de vista técnico es que algunos modelos necesitaban estar permanentemente conectados a unidades externas algo más grandes que una lavadora para funcionar.
Estas unidades se fueron reduciendo de tamaño hasta convertirse en mochilas que el paciente podía llevar a cuestas, e incluso en algunos modelos de corazón artificial llegaron a desaparecer del todo, quedando este totalmente implantado en el tórax del paciente. Sin embargo, a pesar de estos avances, los corazones artificiales siguen teniendo un diseño bastante complicado debido a la necesidad de simular los movimientos de contracción y relajación del corazón natural, lo que reduce su vida útil a causa del inevitable desgaste de las piezas que lo forman. Aunque esto podría cambiar, pues según pruebas llevadas a cabo en el Instituto del Corazón de Tejas en realidad es posible vivir sin un corazón que lata en el pecho mientras algo propulse la sangre por el organismo.
Las primeras pruebas las hicieron con 38 novillos a los que extirparon sus corazones para ponerles en su lugar un nuevo ingenio artificial que, simplificando mucho, está formado por un par de turbinas que hacen circular la sangre.
Estas sustituciones no parecieron suponer mayor problema para los novillos, así que el año pasado le implantaron uno de esos dispositivos a un hombre de 55 años que necesitaba un corazón nuevo pero que por diversos motivos no era candidato a un trasplante.
El paciente sobrevivió cinco semanas con ese dispositivo, hasta que falleció, después de que le fallaran el hígado y los riñones, por otras causas independientes del latido de su corazón.
Por supuesto que aún falta mucho para que estos dispositivos se generalicen, y todavía pueden aparecer problemas imprevistos. Pero, si todo va bien, en el futuro ya no bastará con tomarle el pulso a alguien para saber si está vivo.